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Ruta una gran Duna Fósil

Una gran duna fósil y una falla geológica.

Distancia: 6,14 Km.
Tipo de ruta: Circular.
Dificultad técnica: Sencilla.
Ascenso acumulado: 35 m.
Descenso acumulado: 35 m.
Tiempo: 1 hora 50 minutos.

Apta para principiantes

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Conoce más de esta ruta

Para conocer mejor la zona por la que discurre esta ruta, nada mejor que las palabras de Antonio del Ramo para la Fundación Integra Digital: “El entorno de Cabo Cope es una depresión prelitoral, compartimentada en bloques por fallas, que en ocasiones han aprovechado las aguas de escorrentía para encauzarse por ellas (especialmente rambla Elena). Esta depresión está rellena por materiales detríticos del Plioceno y Cuaternario, que reposan discordantemente sobre un sustrato formado por micaesquistos, filitas y cuarcitas permotriásicas pertenecientes al Complejo Alpujárride.
La depresión ha experimentado una progresiva y generalizada elevación en los últimos tiempos geológicos, que ha coexistido con diversos episodios de ascenso y descenso del nivel del mar por causas climáticas desde finales del Plioceno hasta el Holoceno, y con la elevación – descenso o basculación particular de algunos de los bloques, en relación a los sistemas de fallas existentes.

La actividad tectónica ha sido muy importante en la zona durante el Cuaternario, ya que se han localizado estructuras geológicas que indica la existencia de importantes terremotos”.
Es importante conocer también cómo se formó la Marina de Cope, ya que esto nos va a dar pistas sobre lo que vamos a encontrar en la ruta. Este esquema, elaborado por Antonio del Ramo, nos explica visualmente como evolucionó este tramo de la costa entre el Plioceno Superior y la actualidad, remarcando la importancia de los abanicos aluviales y las ramblas en el proceso de rellenado de la franja litoral, así como la formación de una laguna litoral (similar a La Manga, pero de menor tamaño), y cómo acabó colmatando por los continuos aluviones.

Ahora sí, comenzamos la ruta partiendo desde la Torre de Cope, una singular estructura defensiva construida con bloques de piedra arenisca proveniente de una gran duna fósil.

Una gran duna fósil.

La ruta comienza junto la Torre de Cope, o del Santo Cristo, una fortaleza defensiva del siglo XVIII, edificada en 1801 sobre los restos de otras anteriores de los años 1702, 1583, 1573 y la original, ordenada construir en virtud de una cédula de Carlos I y su madre, la reina Juana, dictada en Ocaña el 18-11-1530, se dice que “se ha de hacer una torre en el puerto de Cope para excusar los males y daños que los moros de África hacen a estos vecinos”, comenzando su construcción al año siguiente.
Su función fue doble, por un lado, defender a los vecinos y la almadraba de Cope de los ataques se los piratas y corsarios berberiscos y argelinos que asolaban el levante español, y por el otro, negar a estos la posibilidad de “hacer aguada” (rellenar las reservas de agua dulce de un buque) en las fuentes de Cope, cercanas a esta edificación.
Junto a la torre, una hendidura rectangular en la roca arenisca sirvió para dos cosas: para crear un pequeño embarcadero, y como cantera para la extracción de bloques con los que construir la fortaleza.
A ambos lados del embarcadero y a los pies de la torre se ven vestigios de los trabajos de cantería realizados para extraer la totalidad de los bloques con los que se edificó, reconstruyó y recreció esta fortaleza, así como la cercana Ermita del Santo Cristo.

Justo delante de la torre, junto a la rompiente, la erosión marina ha modelado un lapiaz costero desarrollado sobre las areniscas oolíticas. Pero, ¿qué es un “lapiaz? Un lapiaz (lenar o pavimento de caliza) es una zona o superficie pétrea irregular de rocas carbonáticas o evaporíticas modeladas por el agua, con múltiples surcos, orificios y aristas agudas.​ La superficie de cada surco u oquedad suele ser de dimensiones pequeñas o medianas, separado por tabiques o paredes de roca en algunos casos agudos. Su profundidad puede varia de unos pocos milímetros a varios metros, formando, en ocasiones tubos que conectan el mar con la superficie, de forma que cuando se producen tormentas, por estas oquedades puede brotar aire o agua a presión, formando lo que se conoce como “bufadores”.

Continuamos, adentrándonos en la gran duna fósil, formada por areniscas carbonatadas que formaron una barra que encerraba una pequeña laguna costera, entre finales del Pleistoceno y principios del Holoceno, y que, aunque rota en varias partes por la acción erosiva de las ramblas, es perfectamente identificable hasta la playa del Rafal. Como se puede apreciar en su tramo más cercano a la torre, también se extrajeron bloques de arenisca para construcción en una parte de ella.
La ruta continua por este irregular paisaje hasta llegar a un grupo de casas que casi cierran el paso al estar construidas casi sobre la línea costera, fruto de la falta de regulación urbanística de finales de los años 60 del pasado siglo, y de las que veremos mas ejemplos en este recorrido.
Este grupo de casas da acceso a la Playa del Sombrerico, en la que el hundimiento de una pequeña porción de la duna ha favorecido que se cree una estrecha franja de arena que, tras los temporales de levante, se pierde, volviendo a aflorar la duna fósil sumergida.

Tras atravesar la playa, una nueva construcción vallada estrecha el paso a la siguiente playa, la del Charco. En este punto es evidente cómo se destruyó parte de la duna fósil, no sólo aplanándola para nivelar el terreno, sino horadándola para construir una piscina, y construyendo, fuera de la casa, una escalera para poder acceder mejor a la playa.
Tras esta casa, la playa del Charco, o del Hoyo, que de ambas formas se llama, supone una ruptura de la duna fósil por la acción erosiva del agua de una rambla, aunque, al otro lado de la playa, se ve como continúa aflorando.

Una vez abandonamos este tramo de duna fósil, nos dirigimos por el camino a la salida de la Playa del Charco (o del Hoyo) a la que acabamos de llegar, para dirigirnos hacia el camino asfaltado del Sombrerico bordeando el criptohumedal de El Charco.
Este criptohumedal no es actualmente el mayor de Águilas, pero fue más grande hasta la llegada de la agricultura industrial, que supuso la pérdida de parte de su extensión a causa de las roturaciones. Los criptohumedales son aquellos humedales donde el agua, que procede de flujos subterráneos, nunca o muy raramente llega a emerger, podría decirse que son la cara visible de un humedal oculto, porque ese es, etimológicamente, su significado: la raíz griega cripto, que significa “oculto” o “escondido”.

El agua de escorrentía o de filtración marina, queda embolsada sobre una capa subterránea de arcillas y margas, pero sin suficiente volumen para aflorar permanentemente a la superficie. Este criptohumedal, además, facilita la existencia de numerosos Tarays de la subespecie bobeana, especie protegida, incluida en la categoría «Vulnerable» en el Catálogo Regional de Flora Silvestre Protegida de la Región de Murcia.

La ruta continua bordeando el criptohumedal hasta llegar a uno de los lugares donde se videncia la relación entre geología, agua y agricultura.

Geología, agua y agricultura.

Dejamos atrás el criptohumedal y, enseguida, nos encontramos con una extraña construcción sobre la que suelen preguntar mucho quienes visitan esta zona por primera vez. Se trata de la estación de captación, filtrado y bombeo de agua salobre extraída directamente de las capas profundas bajo la roca arenisca. Estas capas, también de arenisca pero menos compactada, actúan como filtrante del agua del mar, haciéndole perder gran parte de su salinidad, con lo que se simplifica y abarata su posterior desalación en la Planta Desalaldora de la Comunidad de Regantes de la Marina de Cope, situada siguiendo el camino asfaltado hacia el interior.

Esta plata desaladora produce 6 hectómetros cúbicos (Hm3) de agua al año, y es imprescindible para el riego de la Marina de Cope, complementándose sus caudales con los procedentes de la masa de agua subterránea de Cope-Calablanca, que ha sido la que tradicionalmente y mediante pozos ha servido al riego de toda esta llanura costera.
Esta masa de agua está contenida en areniscas y conglomerados del Plioceno-Cuaternario, tiene una superficie de 25,1 (km2) y un espesor de entre 80 y 110 m. (“Caracterización adicional de las masas de agua subterránea en riesgo de no cumplir los objetivos medioambientales en 2015”. Demarcación Hidrográfica del Segura. MASA DE AGUA SUBTERRÁNEA: 070.061 Águilas).

La ruta continúa, entrando en la zona de aparcamiento de la Playa del Rafal, una extensa playa formada por la aportación de sedimentos procedentes de primitivas ramblas de las que es testigo la actual Rambla de Pinares.
Saldremos de la zona de aparcamiento por su extremo norte, adentrándonos en la desembocadura de la rambla, y ascendiendo posteriormente a la meseta que cierra la playa, girando enseguida a la derecha para contemplar como la erosión marina ha creado, y sigue creando, la pequeña cala de Piedras Negras, así como la lucha constante entre la erosión marina y el aporte de sedimentos de la rambla, cada vez menor y realizado de forma mas tempestuosa.
Desde esta pequeña cala, tomaremos el camino ascendente que nos lleva a pasar junto a una de las garitas, erigidas para vigilancia aduanera por parte del cuerpo de Carabineros, y posteriormente reformadas por la Guardia Civil, cuando las patrullas se realizaban a pie y a caballo. Muy cerca de ella, se pueden ver resto de una más antigua, construida en piedra, y de la que sólo queda una pequeña porción de sus muros.
Un poco más adelante, llega el momento de descender hacia el cauce de la rambla, pero, antes, es aconsejable mirar detenidamente como la agricultura industrial ha transformado el paisaje, aplanando el terreno, eliminando pequeños cabezos y modificando el curso de las ramblas.

Una vez cruzado el ahora diminuto curso fluvial, invadido el resto por plantaciones agrícolas, es el momento de dirigirnos al camino asfaltado y poner rumbo al tramo final de esta ruta.
Una vez terminado el recorrido por las inmediaciones de la Rambla de Pinares, es el momento de retornar hacia el punto de partida, para lo cual, desde el final de la playa del Rafal, nos dirigiremos hacia la Punta del Charco para acceder a la playa del mismo nombre desde la costa, atravesando su arenal. Atención, porque esta playa es de uso preferente naturista.

Una vez atravesada la playa, volveremos a abandonarla por el mismo camino que tomamos con anterioridad, pero girando a la izquierda a la salida, y comenzando a circular, con precaución, por el asfaltado Camino del Sombrerico.
Siguiendo este camino, tras pasar junto a los accesos a la Playa del Sombrerico, en las inmediaciones de unas casas, y para evitar la cerrada curva a izquierda que hace el camino, tomaremos el camino de tierra para volver a salir al asfalto.

A partir de aquí, con la Torre de Cope ya a la vista, sólo queda seguir el asfalto hasta abandonarlo en las inmediaciones de la fortaleza para llegar al punto de partida.