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Ruta Talayón

Talayón. El techo de Águilas.

Distancia: 5,59 Km.
Tipo de ruta: Lineal.
Dificultad técnica: Moderada.
Ascenso acumulado: 11 m.
Descenso acumulado: 138 m.
Tiempo: 2 horas 10 minutos.

Apta para aficionados

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Cada sendero en Águilas te lleva a rincones únicos, pero todos comparten algo en común: paisajes impresionantes, contacto con la naturaleza y una conexión especial con la historia y el entorno.

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La ruta comienza en el Barranco de la Rambla del Talayón, al sureste del Cabezo de la Láguena, en el cruce a derecha que da acceso a unas casas, ya que este es uno de los puntos más característicos de esta zona por su importancia en la arquitectura tradicional del sureste de la Península Ibérica. El nombre de este cabezo nos da la pista: la Tierra Láguena, imprescindible para la impermeabilización de las viviendas durante siglos.

Tierra Láguena, un impermeabilizante histórico.

Uno de los grandes problemas de la humanidad desde que esta existe ha sido el resguardarse del frío y de la lluvia.

Desde que el ser humano salió de las cuevas y comenzó a fundar poblados, con viviendas (independientes o comunales) , el encontrar elementos con los que techarlas que protegieran del sol y de la lluvia fue una constante que, en esta zona del sureste de la península se resolvió acudiendo a un mineral presente en varias zonas de nuestra geografía: la tierra láguena o launea.

Este material siempre se ha definido de forma somera como: una arcilla magnesiana; un tipo de tierra que resulta del desmoronamiento de la laja (roca metamórfica denominada pizarra micotalcosa) y que además “es muy azulada, amoratá, y la tocas y te deja los dedos pringosos, como el talco”; o un sedimento que procede de la filita, un tipo de roca metamórfica que presenta un grado de metamorfismo entre la pizarra y el esquisto, compuesta principalmente de cuarzo, mica sericita y clorita, y con una coloración muy particular que suele ser gris, azul o violeta.
Estudios más recientes señalan que la láguena se obtiene de la filita, que es una roca que corresponde a un grado de metamorfismo intermedio entre el esquisto y la pizarra. Del esquisto se diferencia por el tamaño de grano: en el esquisto se observan minerales a simple vista; en la filita su textura es de grano muy fino, no visible al ojo desnudo, pero sí al microscopio petrográfico, donde se pueden distinguir sus minerales más comunes (micas, principalmente moscovita, cuarzo, talco, albita y clorita, entre otros). De la pizarra se diferencia por su aspecto: la pizarra, debido al menor tamaño de sus minerales, no brilla y tiene un tacto áspero; la filita presenta un brillo satinado y sedoso, y tiene una superficie ondulada que ofrece un tacto untuoso semejante al del talco, además, su color varía entre el gris, gris-verdoso, gris-azulado, violeta e incluso marrón o rojizo, siendo muy característicos en Murcia los colores grises y violetas.
Según las evidencias arqueológicas, la tierra láguena ha sido utilizada desde la Antigüedad para la construcción de cubiertas, así como para ejecutar pavimentos, revestimientos de paredes y de conducciones de agua, de aljibes y de cisternas. Como elemento de las cubiertas, en esta zona se ha usado en casas cuadradas o rectangulares de techos planos, llamados popularmente «terraos», que es un tipo de vivienda muy generalizado en el arco mediterráneo.

Aunque existen diferentes tipos de techado con tierra láguena, el más común en la zona se caracteriza por el uso de colañas (o en ocasiones madera escuadrada) separadas entre sí unos 50 cm y de una estera de cañas dispuesta en dirección perpendicular sobre la que se disponía mortero de yeso o una capa vegetal de Posidonia oceánica compactada mecánicamente mediante pisado ((en la costa) o de restos del pelado de las cañas u otro tipo de vegetación, a continuación, una de tierra o malhecho y finalmente, la láguena. Esta última capa se compactaba por tongadas de unos 2 cm de espesor y su superficie se rociaba con un poco de agua para formar una costra dura que pudiera resistir la erosión del viento. Regularmente, era necesario volver a extender y compactar láguena para reponer la pérdida de material producida por el viento y la lluvia. Extraído del artículo: «Las cubiertas planas de tierra en la comarca del Campo de Cartagena (España). Caracterización material y definición constructiva». Vincenzina La Spina, David Navarro-Moreno y Joaquín Martínez Gil.

Algo más adelante, encontramos la Casa de la Láguena, un recordatorio de la abundancia de este tipo de tierra en la zona. El camino continúa descendiendo hacia la rambla, hasta pasar bajo la línea de alta tensión que recorre todo el valle y que rompe la belleza agreste del paisaje.
Continuamos descendiendo hacia el fondo del valle, donde observamos que los suelos han pasado a estar formados por gravas y arenas, así como por restos de canales, también de arena y gravilla, transversales a la marcha, y pequeñas pozas de piedra caliza formadas por efecto de la acción erosiva, y donde, tras la lluvias, se acumulan pequeñas cantidades de agua que son utilizadas por la abundante fauna de la zona.
La ruta discurre ahora un trecho por el lecho de la rambla, en la que se siguen alternando arenas, gravas y rocas, resultado de la acción erosiva del agua sobre los materiales conglomerados.

Desde el lecho de esta rambla es desde dónde mejor se aprecia la complejidad de la Sierra de La Almenara y del pico del Talayón.

El Talayón y la Almenara.

La Sierra de la Almenara está formada por un conjunto de montañas con picos de forma de dientes de sierra, que se encuentra ubicada al suroeste de la Región de Murcia y posee poca elevación, siendo el Pico de El Talayón el de mayor altitud (879 metros).

La Sierra de la Almenara, Moreras y Cabo Cope forman el excepcional sistema montañoso del cuadrante suroccidental de la Región de Murcia (municipios de Lorca, Águilas y Mazarrón). Este sistema montañoso conforma un amplio espacio protegido por su alto valor etnológico y natural con las figuras de Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y Lugar de Importancia Comunitaria (LIC), ya que en esta sierra se encuentran especies tan protegidas como el Águila perdicera (Aquila fasciata) y la Tortuga mora (Testudo graeca), además del Águila real (Aquila chrysaetos), el Búho real (Bubo bubo), el Mochuelo (Athene noctua) y el Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus), entre muchas otras especies de aves.

Con relación a la fauna silvestre, aparte de la Tortuga mora, en Sierra de la Almenara se encuentran una gran variedad de reptiles como el Lagarto ocelado (Timon lepidus), la Lagartija colilarga (Psammodromus algirus), la Lagartija cenicienta (Psammodromus hispanicus), la Lagartija colirroja (Acanthodactylus erythrurus) y la Lagartija ibérica (Podarcis hispanicus), así como la Culebra bastarda (Malpolon monspessulanus), la Culebra de cogulla occidental (Macroprotodon brevis) y la Culebra de escalera (Rhinechis scalaris), entre otras.
6b Lagarto ocelado joven
Las Zonas de Especial Protección para las Aves son espacios territoriales para conservar y garantizar las condiciones naturales de manera que permitan salvaguardar el hábitat, la reproducción y supervivencia de las especies de aves que lo habitan.

Los Lugares de Importancia Comunitaria (LIC) son áreas que se declaran bajo este régimen de administración especial por su reconocida capacidad para contribuir en la restauración del hábitat natural, incluyendo la biodiversidad y los ecosistemas de fauna y flora silvestres. El origen de la Sierra de La Almenara hay que buscarlo en la deriva del Bloque Mediterráneo y de la Placa de Alborán que, al colisionar contra la Placa Ibérica, dieron lugar a las cordilleras Béticas, de las que esta sierra forma parte.
Sus materiales son rocas únicamente metamórficas (micaesquistos grafitosos, cuarcitas, gneises, anfibolitas, metabasitas, etc.) y de edades comprendidas entre el Precámbrico y el Triásico inferior (entre 4.600 y 230 millones de años), que se formaron en el interior de la cuenca mediterráneo, a casi 1.000 kilómetros de su actual situación.

El Talayón es el «Techo de la Almenara» y el monte más alto de Águilas, con 879 m. sobre el nivel del mar, y es el resultado del mencionado choque entre placas, durante la Orogenia Alpina (hace entre 55 y 10 millones de años) que formó las Béticas. Como testigo de este choque, se pueden apreciar en su cara sur, la que vemos desde la ruta, que sus relieves combinan empujes verticales y desplazamientos laterales, ejemplificados en los relieves casi verticales y en las fracturas longitudinales.
Del mismo modo, es fácil ver cómo la acción combinada de los empujes verticales y desplazamientos laterales, unidos a la erosión, han ido dejando al descubierto los materiales más duros en las crestas, como se aprecia, a simple vista, haciéndolos emerger de los materiales sedimentarios, más blandos.
Más adelante, el camino se abre a izquierda, paralelo a la rambla, para salvar su parte más agreste, hasta volver a descender a su lecho, por el que marcharemos hasta volver a abandonarla para comenzar a ascender, dejando a la izquierda el camino que lleva al nacimiento del Río Amir y a la Casa del Tío Migalo, situado al oeste de su base, y junto al que existen unos espectaculares ejemplares de algarrobo (Ceratonia Siliqua), entre los que destaca el llamado «Algarrobo del Talayón», un espectacular árbol de 9,40 m. de circunferencia y que se abraza a grandes rocas con sus raíces.

La ruta sigue subiendo hasta llegar a las Casas de Los Bermejos, en ruinas, y que son las últimas viviendas en el término de Águilas que vamos a encontrar.
Desde estas casas, la ruta desciende al lecho del río, que suele estar embarrado a pesar de la continua extracción de agua que se hace de su fuente, que no es otra que la conocida Cueva del Agua, situada en las montañas al norte del valle. Desde estas casas, la ruta desciende al lecho del río, que suele estar embarrado por las filtraciones a pesar de la continua extracción de agua que se hace de su fuente, que no es otra que la conocida Cueva del Agua, situada en las montañas al norte del valle.

Ya solo resta una pequeña, y empinada, subida para llegar a la era de la Casa de la Zacea, donde finaliza esta ruta.