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Ruta Playas fósiles y criptohumedales

Playas fósiles y criptohumedales.

Distancia: 4,56 Km.
Tipo de ruta: Circular.
Dificultad técnica: Sencilla.
Ascenso acumulado: 37 m.
Descenso acumulado: 37 m.
Tiempo: 1 hora 5 minutos.

Apta para principiantes

Un vistazo 360º por la ruta

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La ruta comienza al final del Paseo Marítimo de Poniente, al sur del chiringuito “Estrella del Mar” y se dirige a la costa, para marchar paralelo a ella, transicionando entre las arenas y gravas sin cementar correspondientes a una playa geológicamente actual, y sobre abanicos aluviales del Pleistoceno Inferior y Medio formados por conglomerados fuertemente cementados y encostrados, conforme nos dirigimos a la desembocadura de un antiguo valle o canal fluvial, que conforma la cala entre el espigón artificial y la colina, formada por arenas y limos y que la hace diferente a todo su entorno.

Cruzando esa playa, junto a la orilla se accede a una plataforma de abrasión, lugar donde la erosión del mar ha provocado la caída de parte de la pared acantilada dejando una pequeña plataforma de materiales más duros como zona de transición entre la orilla del mar y la pared.

La playa fósil de la Cañada del Negro.

La erosión del pequeño acantilado formado por una terraza marina emergida, ha dejado al descubierto una playa fósil, o paleoplaya, con algunos fósiles de Strombus Bubonius, unos caracoles marinos de aguas cálidas que vivían sobre fondos detríticos o coralinos, y que pueden verse, precisamente en la plataforma de abrasión-
Esta playa se formó en el Pleistoceno Medio y Superior y se encuentra preservada debido a un cambio en el nivel del mar unida a un cambio en la elevación de terreno.​ A diferencia de los fósiles propiamente dichos, las playas fósiles no están compuestas necesariamente de restos orgánicos, aunque suelen contenerlos. A menudo se presentan como una capa o terraza de sedimentos, con características y fósiles típicos de las playas, por encima de la línea de costa actual.

Sobre los restos de la playa fósil, la erosión marina ha dejado al descubierto la composición del pequeño acantilado, formado por pequeños bloques, gravas y arenas fuertemente cementados y que pueden verse a simple vista también en otros puntos de la playa, aunque no tan bien como aquí.
04 Plataforma de abrasión playa Cañada del negro
La playa sigue desarrollándose hasta el final de la colina apreciándose que la plataforma de abrasión sigue existiendo, aunque el acantilado ya se haya retirado varios metros, dejando algunos bloques de piedra sobre la arena de la playa.
Una vez pasada la colina, aunque la playa fósil sigue existiendo, el paisaje de la playa y de la franja costera cambia debido a que está formado por rocas más antiguas, calcarenitas del Plioceno Inferior, rocas que se forman, principalmente, en las zonas litorales de las regiones tropicales en las formaciones de dunas o barras costeras, y constituidas por las arenas de erosión de los arrecifes coralinos, lo que nos indica que el clima en ese periodo fue tropical en esta zona.
La presencia de arcillas en estas calcarenitas ha facilitado que se forme un pequeño criptohumedal en la plataforma sobre la playa, por el que circula la ruta, y en el que la arcilla presente hace que la capa superficial del suelo retenga la humedad proveniente de la pequeña rambla y de la humedad del rocío matinal, favoreciendo que crezca especies conocidas localmente como “salaos”.

Adaptadas a mayores periodos secos y a suelos más salinos, de porte bajo, hoja carnosa y tallo duro, como el Almarjo (Halocnemum strobilaceum), el Salado (Salsola papillosa), la Siempreviva morada (Limonium insigne), el Rabogato (Sideritis ibanyezii) o la Zamarrilla lanuda (Teucrium lanigerum), aunque también se encuentran algunos ejemplares de Aulaga o Rascamoños (Launaea arborescens) y de Taray (Tamarix canariensis).

La ruta abandona la playa y el criptohumedal ascendiendo la pequeña colina que no es más que otra terraza marina emergida del Pleistoceno Medio y Superior, formada por bloques y gravas, con arenas, fuertemente cementados, en los que puede encontrarse restos de macrofauna marina fósil, especialmente tierra adentro. Desde este punto, mirando hacia atrás, se tiene una vista perfecta del conjunto geológico de la Cañada del Negro.
Una vez dejada atrás una pequeña cala en la que la erosión marina ha disgregado las rocas, convirtiéndolas en gravas y arenas gruesas, se asciende a otra plataforma en la que vamos a encontrar dos intervenciones humanas simétricas, los bunkers o nidos de ametralladoras de Matalentisco, dos construcciones semiexcavadas en el terreno y fabricadas con hormigón ciclópeo (usando las calizas del propio terreno) y armazón de hierro reutilizado (raíles, traviesas y restos de vagonetas), y construidos durante la Guerra Civil Española.
Una serie de paneles en estos dos y en el de Calabardina (que se verá más delante) explican el porqué y el proceso de su construcción, así como el contexto histórico en el que se edificaron.
Desde el bunker de más al sur, se aprecia perfectamente lo que resta de la plataforma de abrasión de la playa fósil, que se encuentra semisumergida y que ha conformado una pequeña semilaguna ideal para el baño con niños pequeños.
Desde este punto, el sendero desciende por una franja de calcarenitas conectada con la de la Cañada del Negro, y que conforma toda la franja donde se asientan los ejemplares de Tarays, aunque en su zona noroeste, hacia tierra adentro, se mezcla con los abanicos aluviales de lo que hace tiempo fue un curso de agua mas activo y ancho, que, durante el Pleistoceno Superior y el Holoceno, depositó gravas, arenas y arcillas, arcillas que han facilitado que el agua retenida de lugar a uno de los criptohumedales mas grandes de Águilas, aunque ya seriamente destruido por las explotaciones agrícolas al otro lado de la carretera.

El Criptohumedal, las avenidas de agua y el acantilado fósil (pero activo)

Como se mencionaba en la descripción de la Cañada del Negro, la arcilla presente en el suelo juega un importante papel en la existencia de los criptohumedales, ya que los criptohumedales son aquellos humedales donde el agua, que procede de flujos subterráneos, nunca o muy raramente llega a emerger, podría decirse que son la cara visible de un humedal oculto, porque ese es, etimológicamente, su significado: la raíz griega cripto, que significa “oculto” o “escondido”.

El agua de escorrentía, queda embolsada sobre una capa subterránea de arcillas, pero sin suficiente volumen para aflorar permanentemente a la superficie, convirtiéndose en una reserva de la que pueden nutrirse los numerosos Tarays de las variedades boveana y, especialmente, canariensis.
También abundan las especies conocidas localmente como “salaos”, adaptadas a mayores periodos secos y a suelos más salinos, de porte bajo, hoja carnosa y tallo duro, como el Almarjo (Halocnemum strobilaceum), el Salado (Salsola papillosa), la Siempreviva morada (Limonium insigne), el Rabogato (Sideritis ibanyezii) o la Zamarrilla lanuda (Teucrium lanigerum).
La razón de la existencia de agua viene determinada por el embalsamiento que la carretera ha provocado en esta zona, y por las fuertes escorrentías que se producen, cuando la lluvia es prolongada o fuerte, a través de la rambla de Matalentisco, que, en ocasiones forman una pequeña barra de materiales aluviales, arcillas en el fondo, que impide que la totalidad del agua se vierta al mar formando una pequeña laguna costera que se va desecando, por evaporación y filtraciones, cuando pasa un tiempo.
15 Desembocadura y Tarays
16 Acantilado fósil activo
Esta rambla ha ido excavando el acantilado que se ve al sur de la playa, un acantilado activo, ya que sigue perdiendo materiales, a pesar de que ha sido cartografiado como fósil, ya que se labró durante el Último Período Interglaciar, ocurrido hace entre 129.000 y 115.000 años.
La ruta asciende por ese acantilado por su zona más cercana al mar, pudiendo, una vez más, comprobar que nos encontramos de nuevo marchando sobre terrazas marinas emergidas, formadas por pequeños bloques, gravas y arenas fuertemente cementados, que son el material que nos va a acompañar hasta llegar a Calarreona. Una vez en lo alto del acantilado, es el momento de echar una ojeada al conjunto geológico de Matalentisco y apreciar su variedad y complejidad.

La ruta sigue el sendero, pasando junto a las ruinas de una antigua discoteca, hasta llegar sobre la Cala del Mijo, que alberga uno de los “cocedores” de esparto que existieron en esta zona de la costa, y de los que hablaremos en la siguiente cala.

Y también alberga una rareza geológica en esta zona, una transición duna-playa-“lagoon”, ya que las características sedimentarias-litológicas son diferentes a las del resto de episodios marinos que se dan en este tramo de la costa. Y es que, en su zona más alejada del mar, está constituido por limos y margas blancuzco-amarillentos, de laminación ondulada, interpretado como depósitos de “lagoon” (o albufera) que, hacia el mar, pasa a arenas finas y medias, con laminación paralela inclinada hacia el mar (“foreshore”) o laminación oblicua típica de estructura dunar.

A la salida de esta playa se puede observar en detalle las terrazas, formadas por fondos marinos emergidos compuestas por pequeños bloques, gravas y arenas fuertemente cementados.

Al final de la playa, el tercer bunker que se mencionaba atrás, de estructura mas compleja que los anteriores (puedes ver un modelo 3D del mismo en https://globaldigitalheritage.org/model/bunker-calarreona-calarreona/) cubría la zona costera de la Playa de Calarreona y esta cala, y marca el momento en que la ruta gira hacia el interior, siguiendo el camino que discurre por la trasera de las viviendas, hasta llegar a la rotonda de la carretera, en la que, en la zona de la subida asfaltada a las calas que acabamos de abandonar, se ve claramente que las calcarenitas vuelven a ser las predominantes en esta ladera del monte, y lo van a ser hasta llegar al primer cuarto del acantilado, en el que vuelven a dar el paso a las rocas sedimentarias de grano más grueso.
En el proceso de obra de esta rotonda, se excavó parte de la montaña, dejado al descubierto restos de pequeños invertebrados marinos, y permitiendo que la erosión producida por las escasas, pero a menudo torrenciales lluvias, haya dado lugar a la aparición de pequeñas cárcavas, es decir, una incisión producida sobre suelos y rocas del tipo arcillas con pendientes acusadas, por la acción del agua de escorrentía.

La ruta continúa hacia Águilas por el carril mixto bici-peatonal que, al pasar el puente, una vez dejada atrás la gasolinera al otro lado de la carretera, nos permite ver cómo el curso de la rambla de Matalentisco permite ver la preeminencia de los Tarays sobre el resto de plantas, en las márgenes, aunque las invasoras y oportunistas cañas (Arundo donax) han empezado a ocupar terreno. La ruta sigue por el carril bici hasta que termina abruptamente, entrando en un camino que la va a llevar de vuelta al punto de partida, que se puede ver al final de la pequeña explanada tras la breve subida.