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Ruta Los Bolos y Campillo

Los Bolos y Campillo. Vida en condiciones extremas.

Distancia: 6,01 Km.
Tipo de ruta: Circular.
Dificultad técnica: Moderada.
Ascenso acumulado: 161 m.
Descenso acumulado: 161 m.
Tiempo: 1 hora 52 minutos.

Apta para aficionados

Un vistazo 360º por la ruta

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Esta ruta comienza en la salida a la carretera de la Rambla de los Bolos, frente a unos eucaliptos y recorre, en su primer tramo, hasta su nacimiento, el Barranco del Atalayón, que rompe el perfil de la Sierra de La Carrasquilla con una profunda hendidura.

Este primer tramo de camino nos va a internar en el tramo inicial de la Rambla de Los Bolos y en el interior de la Falla Palomares – Los Arejos.

La Rambla de Los Bolos y la Falla Palomares – Los Arejos.

La rambla de Los Bolos fue, durante mucho tiempo uno de los pasos naturales entre Puerto Lumbreras, la depresión del Guadalentín y la llanura litoral de Águilas, hasta la construcción de la carretera RM-D19, que salva el Puerto de Las Cruceticas, en el collado del mismo nombre.
Todo este tramo de la Sierra de la Carrasquilla se formó bajo el mar y se elevó durante la formación de las cordilleras Béticas cuando el Bloque Mediterráneo chocó con la Placa Ibérica.

De ese pasado en el fondo marino quedan numerosos vestigios a lo largo del recorrido, como los fragmentados bloques carbonatados que formaban el lecho marino que han rodado por las laderas por efecto de la erosión de la rambla.
05 Los derrumbes dejan ver trozos del fondo emergido sobre la arenisca
También se ve claramente, en la rambla, como algunos animales han excavado madrigueras en la blanda arenisca que pervivió bajo el fondo emergido, y fuera de ella en los desmontes realizados para crear campos de cultivo.
Y, lo que resulta más sorprendente, en la aparición de pequeños fósiles encastrados en la arenisca en determinados puntos del camino.
07 Aunque extraños, aparecen fósiles marinos en los sedimentos de arenisca
Como comentábamos al principio, esta rambla fue un antiguo camino, por lo que los habitantes de la zona realizaron pequeños muros de piedra y argamasa, llamados localmente “pedrizas”, para contener el derrumbamiento de las márgenes mas inestables sobre el lecho de la rambla. Seguro que vas a poder ver muchos, y a diferentes alturas, si prestas atención.
Aunque el tramo de rambla que vamos a recorrer es solamente el inicial, es interesante saber que continúa fluyendo hasta fundirse con la rambla del Charcón, junto al Molino Saltaor, y es que fue una de las cuencas de drenaje que formaron el Delta del Charcón, un delta primitivo que dio origen a buena parte de la llanura aluvial de Águilas.

Este tramo de rambla también es interesante porque atraviesa transversalmente los plegamientos de la Falla de desgarre Palomares – Los Arejos, uno de los dos sistemas de desgarre sinestral más importantes de las cordilleras Béticas, y recorre el suroeste de la Región de Murcia, desde la almerienese Palomares, pasando por Los Arejos y llegado hasta el final de la Sierra de La Almenara.
Esencialmente, una falla es una discontinuidad que se forma debido a la fractura de grandes bloques de rocas en la Tierra cuando las fuerzas tectónicas superan la resistencia de las rocas. Una Falla de Desgarre (o de desplazamiento de rumbo) es una falla que se desarrolla a lo largo de planos verticales y el movimiento de los bloques es horizontal, son típicas de límites transformantes de placas tectónicas.

Se distinguen dos tipos de fallas de desgarre: laterales derechas y laterales izquierdas. Laterales derechas o dextrales, son aquellas en donde el movimiento relativo de los bloques es hacia la derecha; mientras que en las laterales izquierdas o sinestrales, el movimiento es opuesto a las anteriores. También se las conoce como fallas transversales.
Además, es la Sierra de la Carrasquilla, la que cruza esta rambla, la que marca el giro de toda la falla hacia el este, completándolo en parte de esta zona y hasta llegar a la conexión con la Sierra de la Almenara, como puede verse en las montañas que cierran la rambla por el norte, en la que los acusados taludes proporcionan una muestra de las tremendas fuerzas tectónicas que actúan sobre este tramo de la sierra.

La ruta llega a una bifurcación en la que continúa adelante, pero abandonando muy pronto el lecho de la rambla, ya que se vuelve muy cerrada y angosta, discurriendo por un camino lateral y paralelo a la misma.
Un poco mas adelante, a la izquierda de la rambla, encontramos la única explotación agrícola que sobrevive en este tramo de la rambla, lo que demuestra la dureza de las condiciones de vida en este paraje.

Prueba de la dureza de la vida en esta zona lo encontramos mas adelante, en la forma de una pequeña casa abandonada y un viejo coche, también abandonado, a la vera del camino.
La ruta sigue ascendiendo por el camino hasta llegar a una antigua casa restaurada en uno de sus cuerpos, que corona el Collado de La Casica. Desde este punto, se puede ver claramente la llanura de la Depresión del Guadalentin o de Lorca, que quedó aislada de la costa por el cordón de sierras que cierran desde Palomares hasta Mazarrón.
En este punto, la ruta toma el camino que nace a la izquierda para rodear el Cabezo Romero y embocar la bajada hacia el paraje de El Campillo, cerrado al fondo por el cabezo de La Horma, dando lugar a un peculiar valle, hacia el que descenderemos para conocer cómo se luchaba por la subsistencia en estos parajes.

Campillo, la lucha por la subsistencia.

Una vez casi en el fondo del valle, llama la atención una construcción, recientemente rehabilitada… y abandonada, y con varios eucaliptos junto a ella, y que conocemos como la “Casa de las Chimeneas”

Esta casa ilustra perfectamente como eran las antiguas construcciones cuando la agricultura predominante en Águilas era de secano: un cuerpo de la vivienda estaba ocupada por los propietarios de la finca, en este caso el situado a la derecha, y que tiene adosado un horno moruno en su pared trasera, un cuerpo central, que solía alojar al ganado, y otra casa para los aparceros. En este caso, las reformas llevadas a cabo, han transformado los establos en habitaciones, perdiéndose ese elemento etnográfico.
La fachada de la casa está orientada hacia el sureste, para aprovechar mejor la luz solar y, delante de ella, se erigió, paralelamente a la reforma de la casa, un embalse para riego, y es que tanto éste como la reforma, fueron un intento de transformar en regadío parte de las tierras de esta finca, aprovechando que la tecnología actual permite llevar agua a parajes tan alejados como éste.
La ruta nos lleva a abandonar la casa y el embalse pasando junto a las terrazas de cultivo que, antaño, sirvieron para el cultivo de almendros, y que nunca recibieron otros cultivos que precisan de mas agua. Estas terrazas están dispuestas de forma escalonada, aguantándose sus taludes con pedrizas para evitar su desplome.
Al otro lado del valle, en las laderas del Cabezo de la Horma, que cierra el valle por el Sureste, se pueden ver claramente dos antiguas casas reformadas por personas extrajeras, pero rompiendo totalmente la estética y funcionalidad de las primitivas construcciones, y junto a las cuales se ha vuelto a plantar almendros recientemente.
Antes de abandonar el valle y continuar la ruta hasta el punto de partida, es interesante señalar que el Cabezo de la Horma es uno de los pocos montes de la zona que contiene mármoles en su estructura, pero no en forma de grandes vetas , por lo que nunca fue convertido en cantera de este material.
Tras llegar al cruce de caminos, la ruta gira a la izquierda para descender hacia la Rambla de Los Bolos, por la que descendemos hasta llegar al punto de partida.