
Cuatro Calas III. Geología y ser humano.
Distancia: 6,04 Km.
Tipo de ruta: Circular.
Dificultad técnica: Moderada – Sencilla.
Ascenso acumulado: 58 m.
Descenso acumulado: 58 m.
Tiempo: 2 horas.
Apta para principiantes

Un vistazo 360º por la ruta
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Cada sendero en Águilas te lleva a rincones únicos, pero todos comparten algo en común: paisajes impresionantes, contacto con la naturaleza y una conexión especial con la historia y el entorno.
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El ser humano en el entorno de Calarreona.
Estas construcciones son parte indispensable de una industria milenaria, la del esparto. El esparto o atocha (stipa tenacissima), es una planta de la familia de las gramíneas, de gran porte, muy robusta, de hojas estrechas y muy tenaces. Se cría en los matorrales aclarados de las zonas inferiores y de media montaña, sobre materiales de naturaleza caliza. A veces forma comunidades relativamente densas que reciben el nombre de espartal, espartizal o atochar, que se engloba dentro del paisaje estepario, el romano Campus Spartarius.
La función de estas “piscinas” de poca profundidad era represar agua para que se calentase y, en ellas, remojar haces de esparto para que perdiese su rigidez y poder, posteriormente, trabajarlo. Este tramo de la costa de Águilas está salpicado de “cocedores”, que es como se ha llamado tradicionalmente a estas construcciones, siendo esta cala la que más concentra.


Éste es del de estructura más compleja de los tres, y cubría la zona costera de la Playa de Calarreona y esta cala (puedes ver un modelo 3D del mismo en https://globaldigitalheritage.org/model/bunker-calarreona-calarreona/).




El cierre de este camping está propiciando la presencia estacional de un ejemplar de ave muy difícil de ver por estas costas, el Chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus), un ave limícola de pequeño tamaño y movimientos nerviosos que posee un pico corto y apuntado y patas muy oscuras de aproximadamente la misma longitud que la anchura del cuerpo que, cada vez más, anida en el lecho de la rambla, en el tramo dentro del camping, pudiendo verse, a veces correteando por la orilla de la playa buscando alimento.
Un criptohumedal es… bueno, se explica técnicamente enseguida, por ahora, basta con conocer que localmente se conoce a los criptohumedales como “saladares”, el lugar donde crece “los salaos”, unas especies de plantas que han hecho de los suelos salinizados su hábitat preferente y que se caracterizan por sus tallos y ramas duros y por sus hojas pequeñas y carnosas, capaces de almacenar agua que las mantienen vivas en las épocas de sequía.
Los criptohumedales son aquellos humedales donde el agua, que procede de flujos subterráneos, nunca o muy raramente llega a emerger, podría decirse que son la cara visible de un humedal oculto, porque ese es, etimológicamente, su significado: la raíz griega cripto, que significa “oculto” o “escondido”.


El agua de escorrentía o de filtración marina, queda embolsada sobre una capa subterránea de arcillas y margas, pero sin suficiente volumen para aflorar permanentemente a la superficie.
Al llegar a la carretera podemos ver, enfrente, el gran criptohumedal de Cañada Brusca, un lugar que también fue moldeado por el ser humano debido a una serie de plantas que crecen en él, como el Almarjo (Halocnemum strobilaceum) y el Salado (Salsola papillosa), que eran importantes para la producción de jabones, ya que, de su incineración, se obtiene la sosa o barrilla.
Pues bien, en la pared del montículo que hay en el centro del criptohumedal, se pueden apreciar fácilmente la entrada a diversas viviendas troglodíticas, usadas como casas y almacenes hasta pasada la mitad del siglo XX, otro ejemplo más de la adaptación humana al territorio y como usar ésta a su favor.
Esta construcción es el antiguo cuartel de Carabineros, después de la Guardia Civil, de Calarreona, y tenía como objeto la vigilancia de este tramo de costa para evitar el contrabando, bastante frecuente en otras épocas en esta zona. Y, es que, desde este promontorio se tiene una vista privilegiada sobre una gran porción de la costa sureste de la península, lo que lo convirtió en el lugar ideal para la construcción de este cuartel.
Una vez en la explanada junto al antiguo Cuartel de Carabineros, comenzaremos a descender con cuidado hacia la playa de La Higuerica. Durante la bajada, a mitad de la ladera, si nos fijamos en la pared de arenisca de la izquierda, veremos una pequeña cueva excavada por el ser humano y que, en una mirada mas detallada, se aprecia que tiene excavadas habitaciones dentro de ésta. Esta vivienda troglodítica es el primer indició de como Cuatro Calas se ha debatido entre el esparto y el turismo.


Cuatro Calas, entre el esparto y el turismo.
Y es que, este paisaje, ahora protegido, se ha debatido, en los tiempos mas recientes, entre dos actividades económicas: la espartería y el turismo.
En estos habitáculos se guardaban los aparejos y herramientas necesarios para el trabajo con los haces de esparto, y se pernoctaba cuando era necesario. De todas estas labores, hablaremos un poco mas adelante, en la playa de Los Cocedores.


La caseta corresponde a una oficina de venta de terrenos para urbanizar en los años 70, aproximadamente a la vez que se construyó el antiguo hotel Calarreona (hoy apartamentos), cuando se desató el boom turístico por toda la costa. Las malas comunicaciones y lo aislado de estos parajes carentes de infraestructuras básicas llevaron a que, afortunadamente, la urbanización de Cuatro Calas no prosperase.
Pues bien, cuando la edificación de esta oficina había comenzado y se encontraba erigida la estructura que ahora vemos, un telegrama del Ministerio de Gobernación instaba a las autoridades locales a retirar los permisos de construcción concedidos y a no facilitar los siguientes, quedando la obra inacabada. La razón dada era que parte del capital de la constructora estaba en manos del Partido Comunista Francés y se tenían indicios de que parte de los beneficios de la urbanización fuese a parar al ilegalizado Partido Comunista de España y a sus actividades clandestinas.


La ruta continúa hacia la playa, dejando a la derecha las ruinas de la que fue una casa de estilo colonial inglés, que tuvo huéspedes tan ilustres como Luis Siret, ingeniero de minas y estudioso arqueólogo que realizó las primeras excavaciones sistemáticas de la “cultura del Argar”, y Gustavo Gillman, ingeniero ferroviario, astrónomo y precursor de la fotografía en España. Como no podía ser de otra manera, a esta casa se la conoce como ”La casa del Inglés”.
Camino a la playa, la ruta atraviesa la explanada superior dedicada a aparcamiento y desciende a la inferior para pasar entre los dos chiringuitos para entrar en la Playa de los Cocedores, aunque su nombre oficial es Cala Cerrada, y que sirve de frontera por su mitad de las provincias de Murcia y Almería.


Esta foto de la colección de Juan Hernández, nos muestra el cocedor norte de esta playa con haces de esparto cociéndose y la estructura original de la casa.


Nos dirigimos ahora hacia la playa de La Carolina, considerada una de las 10 mas bonitas de España, y en cuyo costado sur encontramos otro cocedor, ya prácticamente inundado y del que solo sobresale la mayoría de sus estructura en las mareas bajas.


La ruta desciende a la playa de La Carolina y asciende por la primera escalera de madera que sube a la meseta que sirve como aparcamiento.


Abandonada esta playa, la ruta discurre por el sendero marcado como Sendero azul, GR-92 y SL-MU 18 “Juan Francisco Mota Poveda”, en honor a este botánico aguileño, cuyo equipo clasificó una rareza botánica y endemismo en este espacio natural de Cuatro Calas, la Jarilla de Mota (Helianthemum motae).
Al llegar al cuartel, comienza el descenso hacia la playa de Calarreona, atravesando su primera parte y pasando bajo el Albergue Juvenil de Calarreona.


Para ayudar a la preservación de este patrimonio paleontológico, es importante concienciarse de que no se debe de excavar ni extraer ningún ejemplar que pueda encontrarse. Desde aquí, y siguiendo el carril bici, llegaremos al punto de salida y final de la ruta.
