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Cuatro Calas III

Cuatro Calas III. Geología y ser humano.

Distancia: 6,04 Km.
Tipo de ruta: Circular.
Dificultad técnica: Moderada – Sencilla.
Ascenso acumulado: 58 m.
Descenso acumulado: 58 m.
Tiempo: 2 horas.

Apta para principiantes

Un vistazo 360º por la ruta

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Cada sendero en Águilas te lleva a rincones únicos, pero todos comparten algo en común: paisajes impresionantes, contacto con la naturaleza y una conexión especial con la historia y el entorno.

Nos enfocamos en ofrecer experiencias únicas, recorridos para todos los niveles y paisajes inolvidables. También destacamos los reconocimientos obtenidos por la calidad de nuestras rutas.

Diversidad de Paisajes

Para todos los niveles

Experiencias únicas

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Conoce más de esta ruta

La ruta comienza al comienzo de la entrada principal a la playa de Calarreona, saliendo hacia esta y dirigiéndose a la rotonda de acceso a esta pedanía costera. Justo antes de llegar a la rotonda, toma el camino de tierra que bordea la trasera de las primeras edificaciones de Calarreona, en dirección al Búnker de Calarreona, lugar dónde vamos a comenzar a conocer como se adaptó el ser humano en el entorno de Calarreona.

El ser humano en el entorno de Calarreona.

Siguiendo el camino, pronto llegaremos a una estrecha y pequeña loma, a cuya izquierda se encuentra la playa de Cala Tortuga, una playa en la que no es fácil bañarse porque casi toda su orilla esta cerrada por lo que parecen ser unas antiguas balsas o piscinas.

Estas construcciones son parte indispensable de una industria milenaria, la del esparto. El esparto o atocha (stipa tenacissima), es una planta de la familia de las gramíneas, de gran porte, muy robusta, de hojas estrechas y muy tenaces. Se cría en los matorrales aclarados de las zonas inferiores y de media montaña, sobre materiales de naturaleza caliza. A veces forma comunidades relativamente densas que reciben el nombre de espartal, espartizal o atochar, que se engloba dentro del paisaje estepario, el romano Campus Spartarius.
El esparto ha sido usado desde tiempos muy antiguos como materia textil para la elaboración de cordajes y multitud de utensilios de uso cotidiano hasta la aparición de los plásticos.

La función de estas “piscinas” de poca profundidad era represar agua para que se calentase y, en ellas, remojar haces de esparto para que perdiese su rigidez y poder, posteriormente, trabajarlo. Este tramo de la costa de Águilas está salpicado de “cocedores”, que es como se ha llamado tradicionalmente a estas construcciones, siendo esta cala la que más concentra.
Justo en el acceso a la loma que da acceso a esta playa y que la separa de la de Calarreona, encontraremos una obra de ingeniería bélica, el bunker de Calarreona.
Este búnker, junto con los de Matalentisco, forman un pequeño recorrido por la arquitectura de la Guerra Civil en Águilas. Se trata de construcciones semiexcavadas en el terreno y fabricadas con hormigón ciclópeo (usando las calizas del propio terreno) y armazón de hierro reutilizado (raíles, traviesas y restos de vagonetas). Una serie de paneles en este y en los de Matalentisco explican el porqué y el proceso de su construcción, así como el contexto histórico en el que se edificaron.

Éste es del de estructura más compleja de los tres, y cubría la zona costera de la Playa de Calarreona y esta cala (puedes ver un modelo 3D del mismo en https://globaldigitalheritage.org/model/bunker-calarreona-calarreona/).
La ruta vuelve sobre sus pasos para descender a la playa de Calarreona, bajando la escalera que nos lleva hasta la arena, donde, una vez cruzado el espacio que marca la calle principal de entrada a esta playa, podemos ver, a la derecha, uno de los escasos ejemplos de dunas vivas del litoral de Águilas, en este caso, la que vemos, cubierta de vegetación, se apoya en el muro exterior que delimita una finca, y cuyo trazado curvado, ha servido para evitar que la arena que la conforma se pierda arrastrada por el viento, mostrando un claro ejemplo de cómo la intervención humana ha posibilitado un fenómeno geológico a pequeña escala.
Continuamos camino hacia el sur, dirigiéndonos hacia el final de la playa, hasta llegar a una pasarela y escalera de madera, edificada sobre los restos de otra duna que se encontraba en regresión por la actividad humana y que parece estabilizarse protegida por esta estructura y en su lateral.
La ruta encara ya la parte final de la playa de Calarreona, una vez dejado a la derecha, sobre un pequeño promontorio el Albergue Juvenil. Una playa reciente, formada por la aportación de los aluviones de la rambla que da vida al criptohumedal de Cañada Brusca, y cuya desembocadura se puede apreciar en el tramo central de la valla del antiguo camping.

El cierre de este camping está propiciando la presencia estacional de un ejemplar de ave muy difícil de ver por estas costas, el Chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus), un ave limícola de pequeño tamaño y movimientos nerviosos que posee un pico corto y apuntado y patas muy oscuras de aproximadamente la misma longitud que la anchura del cuerpo que, cada vez más, anida en el lecho de la rambla, en el tramo dentro del camping, pudiendo verse, a veces correteando por la orilla de la playa buscando alimento.
La ruta continúa hacia el final de la playa y su zona de aparcamiento, junto al final del antiguo cámping, desde donde se dirige hacia la carretera, a la que se llega por un camino bordeado por la valla y por el pequeño criptohumedal de Calarreona.

Un criptohumedal es… bueno, se explica técnicamente enseguida, por ahora, basta con conocer que localmente se conoce a los criptohumedales como “saladares”, el lugar donde crece “los salaos”, unas especies de plantas que han hecho de los suelos salinizados su hábitat preferente y que se caracterizan por sus tallos y ramas duros y por sus hojas pequeñas y carnosas, capaces de almacenar agua que las mantienen vivas en las épocas de sequía.

Los criptohumedales son aquellos humedales donde el agua, que procede de flujos subterráneos, nunca o muy raramente llega a emerger, podría decirse que son la cara visible de un humedal oculto, porque ese es, etimológicamente, su significado: la raíz griega cripto, que significa “oculto” o “escondido”.

El agua de escorrentía o de filtración marina, queda embolsada sobre una capa subterránea de arcillas y margas, pero sin suficiente volumen para aflorar permanentemente a la superficie.

Al llegar a la carretera podemos ver, enfrente, el gran criptohumedal de Cañada Brusca, un lugar que también fue moldeado por el ser humano debido a una serie de plantas que crecen en él, como el Almarjo (Halocnemum strobilaceum) y el Salado (Salsola papillosa), que eran importantes para la producción de jabones, ya que, de su incineración, se obtiene la sosa o barrilla.

Pues bien, en la pared del montículo que hay en el centro del criptohumedal, se pueden apreciar fácilmente la entrada a diversas viviendas troglodíticas, usadas como casas y almacenes hasta pasada la mitad del siglo XX, otro ejemplo más de la adaptación humana al territorio y como usar ésta a su favor.

Volveremos sobre nuestros pasos hasta el aparcamiento de la playa que acabamos de dejar y, en el panel del Sendero SL-MU 18, comenzaremos a ascender el cerro sobre el que se encuentra una edificación alargada dominando el paisaje.

Esta construcción es el antiguo cuartel de Carabineros, después de la Guardia Civil, de Calarreona, y tenía como objeto la vigilancia de este tramo de costa para evitar el contrabando, bastante frecuente en otras épocas en esta zona. Y, es que, desde este promontorio se tiene una vista privilegiada sobre una gran porción de la costa sureste de la península, lo que lo convirtió en el lugar ideal para la construcción de este cuartel.

Una vez en la explanada junto al antiguo Cuartel de Carabineros, comenzaremos a descender con cuidado hacia la playa de La Higuerica. Durante la bajada, a mitad de la ladera, si nos fijamos en la pared de arenisca de la izquierda, veremos una pequeña cueva excavada por el ser humano y que, en una mirada mas detallada, se aprecia que tiene excavadas habitaciones dentro de ésta. Esta vivienda troglodítica es el primer indició de como Cuatro Calas se ha debatido entre el esparto y el turismo.

Cuatro Calas, entre el esparto y el turismo.

Desde el lugar desde el que se ve la primera casa cueva, también se puede ver, en el mar un cocedor de esparto, uno más de los que jalonan este tramo costero.

Y es que, este paisaje, ahora protegido, se ha debatido, en los tiempos mas recientes, entre dos actividades económicas: la espartería y el turismo.
La primera de ellas se ve en la gran cantidad de cocedores de esparto que se pueden ver en toda la costa, y que, normalmente, van asociados en esta zona a viviendas troglodíticas, en esta playa situadas junto a la orilla del mar.

En estos habitáculos se guardaban los aparejos y herramientas necesarios para el trabajo con los haces de esparto, y se pernoctaba cuando era necesario. De todas estas labores, hablaremos un poco mas adelante, en la playa de Los Cocedores.
Por el momento, abandonamos la playa ascendiendo por el camino de entrada, que abandonamos enseguida para girar a la izquierda y rodear por el norte el cerro que cierra esta playa, hasta llegar a encontrarnos con los restos de dos construcciones, la primera, una pequeña caseta junto a la carretera, y la segunda, mas grande e integrada en la colina al otro lado de la carretera.

La caseta corresponde a una oficina de venta de terrenos para urbanizar en los años 70, aproximadamente a la vez que se construyó el antiguo hotel Calarreona (hoy apartamentos), cuando se desató el boom turístico por toda la costa. Las malas comunicaciones y lo aislado de estos parajes carentes de infraestructuras básicas llevaron a que, afortunadamente, la urbanización de Cuatro Calas no prosperase.
La historia de la otra edificación es mas rocambolesca. Un grupo inversor francés se fijó en el potencial turístico de este tramo costero y, tras solicitar los permisos, comenzó a construir la oficina de información y ventas de una gran urbanización, principalmente destinada a compradores extranjeros, aprovechando el aperturismo económico y turístico del tramo final de la dictadura franquista.

Pues bien, cuando la edificación de esta oficina había comenzado y se encontraba erigida la estructura que ahora vemos, un telegrama del Ministerio de Gobernación instaba a las autoridades locales a retirar los permisos de construcción concedidos y a no facilitar los siguientes, quedando la obra inacabada. La razón dada era que parte del capital de la constructora estaba en manos del Partido Comunista Francés y se tenían indicios de que parte de los beneficios de la urbanización fuese a parar al ilegalizado Partido Comunista de España y a sus actividades clandestinas.
Otros intentos de urbanización y parcelación se han producido posteriormente, hasta que se protegió ambientalmente este tramo de costa como “paisaje protegido”, haciendo inviable cualquier afán urbanístico.

La ruta continúa hacia la playa, dejando a la derecha las ruinas de la que fue una casa de estilo colonial inglés, que tuvo huéspedes tan ilustres como Luis Siret, ingeniero de minas y estudioso arqueólogo que realizó las primeras excavaciones sistemáticas de la “cultura del Argar”, y Gustavo Gillman, ingeniero ferroviario, astrónomo y precursor de la fotografía en España. Como no podía ser de otra manera, a esta casa se la conoce como ”La casa del Inglés”.

Camino a la playa, la ruta atraviesa la explanada superior dedicada a aparcamiento y desciende a la inferior para pasar entre los dos chiringuitos para entrar en la Playa de los Cocedores, aunque su nombre oficial es Cala Cerrada, y que sirve de frontera por su mitad de las provincias de Murcia y Almería.

El chiringuito de la izquierda se apoya en lo que, en su momento fue la casa de la espartería de esta zona, y es que estos cocedores de esparto fueron de los últimos en dejar de funcionar, una vez que las fibras sintética se impusieron sobre el esparto.

Esta foto de la colección de Juan Hernández, nos muestra el cocedor norte de esta playa con haces de esparto cociéndose y la estructura original de la casa.
Actualmente, los cocedores de esta playa se encuentran en diferente estado, los del norte, perteneciente a Murcia, se encuentran prácticamente colmatados por arena, habiéndose convertido el más cercano a la playa en una “piscina natural” ideal para niños pequeños. El del sur, perteneciente a Almería, ha perdido gran parte de la arena de su fondo, quedando al descubierto el lecho rocoso y ganando en profundidad.
Junto a los cocedores, pasada la casa, una serie de estancias excavadas en la roca arenisca servían como almacén de aperos y materiales para las labores del esparto y como vivienda provisional.
Las excavaciones correspondientes al otro cocedor, y que sirvieron en los años 70 como corral para ganado caprino, se hundieron recientemente a causa de unas fuertes lluvias con un intenso oleaje, lo que las hizo colapsar en gran parte, quedando sólo la rampa excavada en la roca arenisca que daba acceso al cocedor.

Nos dirigimos ahora hacia la playa de La Carolina, considerada una de las 10 mas bonitas de España, y en cuyo costado sur encontramos otro cocedor, ya prácticamente inundado y del que solo sobresale la mayoría de sus estructura en las mareas bajas.
Desde este promontorio de Punta Parda, además del Cocedor de La Carolina, también se aprecia una vista de una parte de las cadenas montañosas que rodean la llanura litoral y que conforman el Arco de Águilas.
Este arco montañoso está definido por la alineación convexa de las sierras de Almagrera, Carrasquilla, Almenara y El Algarrobo, y limitado externamente por los sistemas de fallas de Palomares y del Saladillo, esta última una prolongación deflectada (desviada de su eje) de la primera. El Arco de Águilas actúa como un bloque ante los movimientos sísmicos, haciendo que la acumulación de esfuerzos se concentre en su periferia, amortiguando los efectos de los efectos de los terremotos, aunque, por otro lado, el Atlas Inventario de Riesgos Naturales de la Región de Murcia (ITGE – CARM, 1995) señala que las zonas con rellenos del Cuaternario poco consolidados, como sucede en la Cuenca de Águilas, son más propensos a la aceleración de las vibraciones sísmicas.

La ruta desciende a la playa de La Carolina y asciende por la primera escalera de madera que sube a la meseta que sirve como aparcamiento.
Una vez arriba, continúa siguiendo la balaustrada de madera instalada para canalizar los acceso a esta playa y evitar descensos por unas pequeñas dunas en formación coronadas por vegetación autóctona, alguna de ella en grave recesión.

Abandonada esta playa, la ruta discurre por el sendero marcado como Sendero azul, GR-92 y SL-MU 18 “Juan Francisco Mota Poveda”, en honor a este botánico aguileño, cuyo equipo clasificó una rareza botánica y endemismo en este espacio natural de Cuatro Calas, la Jarilla de Mota (Helianthemum motae).
Una vez en la playa de La Higuerica, la ruta asciende por el camino que nace a la izquierda del aparcamiento, y que asciende a este otero para dirigirse hacia el Cuartel de Carabineros.

Al llegar al cuartel, comienza el descenso hacia la playa de Calarreona, atravesando su primera parte y pasando bajo el Albergue Juvenil de Calarreona.
Un poco mas adelante, una rampa de madera da acceso a la calle tras el albergue Juvenil. Esta rampa, largamente demandada para dar servicio al vecindario y a las personas con movilidad reducida, fue construida por la Demarcación de Costas del estado en Murcia, facilitando así la accesibilidad también a las personas que se alojan en el albergue.
Tras subir por la rampa, la ruta sigue calle arriba para llegar al carril mixto bici-peatonal que bordea la carretera RM-333, descendiendo hacia la vaguada y pasando junto a una pequeña colona que, al ser excavada para construir la carretera permitió comprobar que en la arenisca que la conforma se hallan numerosos ejemplares de fósiles de bivalvos, los más numerosos, así como algunos de braquiópodos y gasterópodos, estos más difíciles de encontrar.

Para ayudar a la preservación de este patrimonio paleontológico, es importante concienciarse de que no se debe de excavar ni extraer ningún ejemplar que pueda encontrarse. Desde aquí, y siguiendo el carril bici, llegaremos al punto de salida y final de la ruta.