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Ruta Chuecos

Chuecos. El Valle mágico.

Distancia: 8,13 Km.
Tipo de ruta: Circular.
Dificultad técnica: Moderada.
Ascenso acumulado: 191 m.
Descenso acumulado: 191 m.
Tiempo: 2 hora 40 minutos.

Apta para aficionados

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La ruta comienza junto a la entrada a la carretera RM-D9, hacia Campo López, una pedanía lorquina, al otro lado de la Sierra de la Almenara, llamada cariñosamente “Campico López”.
Carretera arriba, y subiendo con precaución debido a que las curvas cerradas limitan la vista, llegamos junto a las Casas de los Tosqueros, o del Campico de los Lirias (por el nombre de este paraje). Desde aquí, y volviendo la vista atrás, hacia el punto de salida, se aprecia una buena panorámica de la Hoya de Fuente Álamo, qu es el nombre del paraje de partida.
Subiendo un poco el camino de tierra que asciende junto a las casas y mirando hacia el oeste, al otro lado de la carretera, se ve claramente la mole del Talayón de Chuecos o Talayón chico, el segundo pico mas alto de Águilas.
Volviendo a la carretera y continuando dirección a Campo López, tras pasar la pinada, tomamos un camino que, girando a la izquierda, nos va a llevar a recorrer campos de cultivo, siguiendo la línea de alta tensión, hasta que giramos a la derecha antes de llegar a la casa para enfilar el descenso hacia el valle de Chuecos.

El valle de Chuecos es uno de los “lugares mágicos” de Águilas, su situación en la zona alta de la Sierra de Almenara hace que, dentro de la generalizada escasez de lluvias de esta zona de España, registre, junto con el Barranco del Talayón, las tasas pluviométicas mas altas. Esta circunstancia, junto con tratarse de un valle encerrado ente montañas por todos sus lados y con escasas vías de acceso, ha permitido conservar parte de su flora, fauna y un muestrario de la adaptación humana a parajes con agua, en un lugar donde este bien es tan escaso.

Al parecer, el vocablo “chuecos” proviene de “sawik”, de reminiscencia árabe, que es significativo de terreno escabroso y cubierto de espinos. Te parecerá extraño, pero hasta ahora no hemos hablado de una edificación que domina todo el valle, el Castillo de Chuecos, así que vamos a ello.

El Castillo de Chuecos, un refugio medieval.

El castillo se levanta en las estribaciones de la Sierra de Almenara, sobre un monte de 687 m. de altura, protegiendo un histórico nacimiento de agua que se encuentra a sus pies, y formando parte de la red de fortalezas que defendían las fronteras, primero islámicas y, después, cristianas.
Domina desde el norte la Casa y Ermita de Chuecos y una gran balsa de riego. Muy cercano al antiguo camino de Águilas a Lorca, y al castillo de Tébar, aunque no son visibles entre ellos al interponerse la gran mole del Talayón de Chuecos entre ellos.
De origen islámico, quizá nos encontremos ante un hisn o castillo rural que daba protección y cobertura administrativa a la población, la cual, dedicada a labores agropecuarias gracias a la existencia de recursos hídricos, se asentaba en los alrededores.
Tras la incorporación del reino de Murcia a la Corona de Castilla a mediados del siglo XIII, la despoblación generalizada del territorio convirtió a la fortaleza en una atalaya defensiva de la red bélica cuyo centro estaba en el castillo de Lorca.

Se presume que tuvo una ocupación intermitente después de la caída del reino nazarí de Granada, aunque antes, en el siglo XIV, Chuecos tendría un importante papel durante la ocupación aragonesa del reino de Murcia (1396-1305). De su control dependía que llegaran las vituallas desembarcadas en Águilas al sitio de Lorca, establecido por las tropas de Jaime II frente a la resistencia castellana de la fortaleza del Guadalentín. Al parecer, la caída de Chuecos, junto a Tébar, sentenció en 1300 la caída del castillo de Lorca.

Algunas crónicas cuentan también que este castillo fue refugio para las cabalgadas contra el reino de Granada, una de las acciones militares más comunes en la Edad Media, y que no eran si no parte de una estrategia de desgaste del enemigo en sus fronteras. Por lo general, tropas de a caballo salían a correr y saquear las tierras del enemigo en una sucesión continua de golpes y contragolpes, en los que los secuestros, robos de ganado e incendio de casas y cosechas tenían como fin dificultar el asentamiento del enemigo en la zona de contacto fronterizo.
Los restos de la fortaleza se sitúan en la cima, y su planta, adaptada a la orografía, presenta un perímetro de forma rectangular ligeramente quebrado hacia el centro. En este espacio estrecho completamente amurallado se distingue en el extremo norte un gran torreón de planta cuadrada, que conserva un alzado máximo de 6,50 m aproximadamente, mientras que en el sur se emplaza un aljibe rectangular de grandes dimensiones cubierto por una bóveda de cañón. El lienzo nororiental se encuentra jalonado por dos torres. También conserva algunos elementos como escaleras o saeteras abiertas en el muro de la torre.

Actualmente, la fortaleza se encuentra en ruinas y algunos de sus elementos se encuentran dispersos en las laderas del monte.


Ya que conocemos algo mas sobre el Castillo de Chuecos, vamos a adentrarnos en el resto del valle, conociendo la importancia del agua y sus efectos en la historia de este paraje.

El agua de Chuecos y sus efectos.

El agua ha jugado históricamente un papel esencial en este valle, tanto para la vida humana, como para la vegetal y animal que lo habita. La primera prueba de cómo el ser humano aprovechó la existencia de un manantial en Chuecos la tenemos en la existencia de un lavadero para ropa, situado en la falda del monte del castillo.
Un poco más adelante esta el “corazón” de la finca, la alberca para almacenaje y posterior distribución de agua, que se usaba para acumular agua del manantial para usarla cuando el caudal de éste bajaba.

La alberca contaba con un rebosadero (hoy entubado) para que el desborde sirviera para el riego y para mantener el caudal de la rambla.
El manantial se encuentra en la ladera del monte del castillo, un desprendimiento de rocas nos señala el lugar en el que en el pasado muy probablemente existiese un travertino, ya cegado por los derrumbes.

Travertino es la denominación de una roca sedimentaria de origen parcialmente biogénico formada por depósitos de carbonato de calcio y utilizada con frecuencia en construcción como piedra ornamental, tanto de exterior como de interior.
En las zonas kársticas formadas por roca caliza terrestre depositada alrededor de fuentes minerales, especialmente fuentes termales, el agua disuelve la roca y se carga de carbonato de calcio. En determinadas condiciones, como en aguas termales o en cascadas, estos depósitos forman el travertino, una roca compuesta de calcita, aragonita y limonita, de capas paralelas con pequeñas cavidades, de color amarillo y blanco, traslúcida y de aspecto suave y agradable. Los depósitos similares (pero más suaves y extremadamente porosos) formados a partir del agua a temperatura ambiente se conocen como toba.

Se tiene localizado otro travertino, mucho mas pequeño, que es aprovechado por la fauna de la zona como abrevadero. Desde la alberca, el camino desciende hacia la casa, de la que vemos su cara norte, que contenía almacenes, establos y vivienda de trabajadores.

Y es que la Casa de Chuecos, contaba con ermita, bodega, corrales, era, huerto, reloj de sol y todo lo que tiene que tener una buena finca solariega. Para apreciar mejor sus elementos, es necesario que nos dirijamos a la parte delantera de la casa, orientada al sur.

En primer lugar encontramos la ermita, con una nave longitudinal, orientada de Norte- Sur con cubierta a un agua, con vertiente al oeste, y hacia el interior, presenta una bóveda rebajada.

La puerta esta rematada con un frontón triangular partido que apoya sobre ménsulas molduradas con roseta en relieve. La puerta es original labrada en madera con remaches de hierro. Sobre la puerta se abre un vano (a la altura del coro) rematado con arco de medio punto que descansa sobre sendas pilastras facetadas. En la fachada oeste, se localiza otro vano similar. También se aprecia sobre la puerta una cruz en forja, reproduciendo las armas de la Orden de Calatrava.
En el interior, el altar mayor remarcado en altura sobre un zócalo, es de madera con decoración en azul. La cabecera presenta hornacina en forma de frontón a dos aguas. El coro a los pies de la ermita y algo elevado, presenta artesonado de madera con decoración en círculos y aspas. Actualmente, la ermita se ha venido usando como biblioteca y sala de reuniones por parte de la Fundación “Castillo de Chuecos”, propietaria de la finca.
Actualmente, ante la puesta a la venta de la finca, la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia ha ejercido derecho de tanteo para su adquisición y preservación.

En la fachada principal se encuentra el ala en el que residían los propietarios que la edificaron. Este ala tiene dos plantas en altura, en la superior se abren cinco ventanas, y en la inferior, una puerta central y dos ventanas a cada lado provistas de rejería. En la planta superior, entre la segunda y tercera ventanas, se puede apreciar claramente un gran y antiguo reloj de sol.
Delante de la explanada de la puerta, a un nivel mas bajo, se encontraba el antiguo huerto y, más abajo aún, una gran era. Entre ambas, al otro lado del camino, se encontraba la vivienda de los aparceros, y es un buen lugar para echar una ojead al conjunto de la casa y el castillo.
Dejamos atrás la Casa de Chuecos y pasamos junto a las ruinas de una de las casas de los aparceros, después de que, con la mejora de la vida en las áreas urbanas, los propietarios prefirieran vivir en las urbes, dejando a cargo de sus fincas a personas, normalmente familias, que se encargan de la explotación agrícola de dicha finca a cambio de un porcentaje en los resultados, llevando habitualmente un derecho de habitación a favor del aparcero sobre un inmueble situado en la finca. El término aparcero proviene del latín “apartiarius”: “a partes” o “a la parte”.

Tras las ruinas de la casa se ven perfectamente la mole pétrea del Talayón de Chuecos y la hendedura del Barranco del Talayón, que desemboca en el paraje de Tébar.
El Talayón de Chuecos es la segunda cumbre mas alta de Águilas, con una altitud de 826 metros, solo superado por su hermano mayor, el Talayón (a secas), localizado mas al este en esta misma sierra de La Almenara. Su nombre proviene del árabe talâyon (lugar alto desde donde se descubre mucho espacio de tierra o mar).
El origen de la Sierra de La Almenara hay que buscarlo en la deriva del Bloque Mediterráneo y de la Placa de Alborán que, al colisionar contra la Placa Ibérica, dieron lugar a las cordilleras Béticas, de las que esta sierra forma parte. Sus materiales son rocas principalmente metamórficas (micaesquistos grafitosos, cuarcitas, gneises, anfibolitas, metabasitas, etc.) y de edades comprendidas entre el Precámbrico y el Triásico inferior (entre 4.600 y 230 millones de años), que se formaron en el interior de la cuenca mediterránea, a casi 1.000 kilómetros de su actual situación. Esta sierra representa el arco de giro final de la falla sinestral de Palomares.

El alto contenido en hierro de parte de esta montaña ha facilitado la aparición de pequeñas explotaciones mineras, siendo aún visible, al bajar al valle, la situada en la hendedura que mira al sureste. Descendiendo hacia el fondo del valle, un camino a izquierda nos lleva hasta una charca artificial, que tiene como objeto el “trampeo fotográfico” de la fauna del valle, ya que obtienen fácilmente tanto agua para beber, como barro para eliminar sus parásitos, especialmente los jabalíes (Sus scrofa).
Desde este punto, vamos a comenzar a ascender para salir del valle por su vertiente este, parándonos un momento para echar una ultima ojeada al conjunto del Castillo y la Casa.
La ruta asciende paralela a la línea de alta tensión, cruzando varios pequeños campos de almendros, y acercándose a la masa forestal, enfilando la recta subida del comienzo del barranco hasta llegar a la casa, en la se gira hacia el sur para atravesar, subiendo y bajando, la masa forestal, para cruzar, finalmente, el paraje de la Erica de Juan Pérez, y su collado, que nos va llevar a la carretera RM-332.

Desde este punto, seguiremos la carretera hacia el noreste, dirección Mazarrón, hasta volver al punto de salida.