
Chuecos. El Valle mágico.
Distancia: 8,13 Km.
Tipo de ruta: Circular.
Dificultad técnica: Moderada.
Ascenso acumulado: 191 m.
Descenso acumulado: 191 m.
Tiempo: 2 hora 40 minutos.
Apta para aficionados

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El valle de Chuecos es uno de los “lugares mágicos” de Águilas, su situación en la zona alta de la Sierra de Almenara hace que, dentro de la generalizada escasez de lluvias de esta zona de España, registre, junto con el Barranco del Talayón, las tasas pluviométicas mas altas. Esta circunstancia, junto con tratarse de un valle encerrado ente montañas por todos sus lados y con escasas vías de acceso, ha permitido conservar parte de su flora, fauna y un muestrario de la adaptación humana a parajes con agua, en un lugar donde este bien es tan escaso.
Al parecer, el vocablo “chuecos” proviene de “sawik”, de reminiscencia árabe, que es significativo de terreno escabroso y cubierto de espinos. Te parecerá extraño, pero hasta ahora no hemos hablado de una edificación que domina todo el valle, el Castillo de Chuecos, así que vamos a ello.
El Castillo de Chuecos, un refugio medieval.




Se presume que tuvo una ocupación intermitente después de la caída del reino nazarí de Granada, aunque antes, en el siglo XIV, Chuecos tendría un importante papel durante la ocupación aragonesa del reino de Murcia (1396-1305). De su control dependía que llegaran las vituallas desembarcadas en Águilas al sitio de Lorca, establecido por las tropas de Jaime II frente a la resistencia castellana de la fortaleza del Guadalentín. Al parecer, la caída de Chuecos, junto a Tébar, sentenció en 1300 la caída del castillo de Lorca.
Algunas crónicas cuentan también que este castillo fue refugio para las cabalgadas contra el reino de Granada, una de las acciones militares más comunes en la Edad Media, y que no eran si no parte de una estrategia de desgaste del enemigo en sus fronteras. Por lo general, tropas de a caballo salían a correr y saquear las tierras del enemigo en una sucesión continua de golpes y contragolpes, en los que los secuestros, robos de ganado e incendio de casas y cosechas tenían como fin dificultar el asentamiento del enemigo en la zona de contacto fronterizo.




Actualmente, la fortaleza se encuentra en ruinas y algunos de sus elementos se encuentran dispersos en las laderas del monte.
Ya que conocemos algo mas sobre el Castillo de Chuecos, vamos a adentrarnos en el resto del valle, conociendo la importancia del agua y sus efectos en la historia de este paraje.


El agua de Chuecos y sus efectos.
La alberca contaba con un rebosadero (hoy entubado) para que el desborde sirviera para el riego y para mantener el caudal de la rambla.



Travertino es la denominación de una roca sedimentaria de origen parcialmente biogénico formada por depósitos de carbonato de calcio y utilizada con frecuencia en construcción como piedra ornamental, tanto de exterior como de interior.
Se tiene localizado otro travertino, mucho mas pequeño, que es aprovechado por la fauna de la zona como abrevadero. Desde la alberca, el camino desciende hacia la casa, de la que vemos su cara norte, que contenía almacenes, establos y vivienda de trabajadores.


Y es que la Casa de Chuecos, contaba con ermita, bodega, corrales, era, huerto, reloj de sol y todo lo que tiene que tener una buena finca solariega. Para apreciar mejor sus elementos, es necesario que nos dirijamos a la parte delantera de la casa, orientada al sur.
La puerta esta rematada con un frontón triangular partido que apoya sobre ménsulas molduradas con roseta en relieve. La puerta es original labrada en madera con remaches de hierro. Sobre la puerta se abre un vano (a la altura del coro) rematado con arco de medio punto que descansa sobre sendas pilastras facetadas. En la fachada oeste, se localiza otro vano similar. También se aprecia sobre la puerta una cruz en forja, reproduciendo las armas de la Orden de Calatrava.


En la fachada principal se encuentra el ala en el que residían los propietarios que la edificaron. Este ala tiene dos plantas en altura, en la superior se abren cinco ventanas, y en la inferior, una puerta central y dos ventanas a cada lado provistas de rejería. En la planta superior, entre la segunda y tercera ventanas, se puede apreciar claramente un gran y antiguo reloj de sol.


Tras las ruinas de la casa se ven perfectamente la mole pétrea del Talayón de Chuecos y la hendedura del Barranco del Talayón, que desemboca en el paraje de Tébar.


El origen de la Sierra de La Almenara hay que buscarlo en la deriva del Bloque Mediterráneo y de la Placa de Alborán que, al colisionar contra la Placa Ibérica, dieron lugar a las cordilleras Béticas, de las que esta sierra forma parte. Sus materiales son rocas principalmente metamórficas (micaesquistos grafitosos, cuarcitas, gneises, anfibolitas, metabasitas, etc.) y de edades comprendidas entre el Precámbrico y el Triásico inferior (entre 4.600 y 230 millones de años), que se formaron en el interior de la cuenca mediterránea, a casi 1.000 kilómetros de su actual situación. Esta sierra representa el arco de giro final de la falla sinestral de Palomares.
El alto contenido en hierro de parte de esta montaña ha facilitado la aparición de pequeñas explotaciones mineras, siendo aún visible, al bajar al valle, la situada en la hendedura que mira al sureste. Descendiendo hacia el fondo del valle, un camino a izquierda nos lleva hasta una charca artificial, que tiene como objeto el “trampeo fotográfico” de la fauna del valle, ya que obtienen fácilmente tanto agua para beber, como barro para eliminar sus parásitos, especialmente los jabalíes (Sus scrofa).


Desde este punto, seguiremos la carretera hacia el noreste, dirección Mazarrón, hasta volver al punto de salida.