
Cabo Cope. Geología y ser humano.
Distancia: 4,49 Km.
Tipo de ruta: Lineal.
Dificultad técnica: Moderada.
Ascenso acumulado: 126 m.
Descenso acumulado: 111 m.
Tiempo: 1 hora 45 minutos.
Apta para principiantes

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La Fuente de Cope y la Torre del Santo Cristo.
La ruta comienza en la Torre de Cope, o del Santo Cristo, una fortaleza defensiva del siglo XVIII, edificada en 1801 sobre los restos de otras anteriores de los años 1702, 1583, 1573 y la original, ordenada construir en virtud de una cédula de Carlos I y su madre, la reina Juana, dictada en Ocaña el 18-11-1530, se dice que “se ha de hacer una torre en el puerto de Cope para excusar los males y daños que los moros de África hacen a estos vecinos”, comenzando su construcción al año siguiente.
Su función fue doble, por un lado, defender a los vecinos y la almadraba de Cope de los ataques se los piratas y corsarios berberiscos y argelinos que asolaban el levante español, y por el otro, negar a estos la posibilidad de “hacer aguada” (rellenar las reservas de agua dulce de un buque) en las fuentes de Cope, cercanas a esta edificación.



Para su construcción se acudió a extraer piedra de la duna fósil que se extiende por las inmediaciones de la Torre, convirtiendo en canteras tanto los alrededores de la misma, como sus aledaños.

También se aprovechó la extracción roca para crear un pequeño embarcadero en rampa al sur de la construcción, ahora prácticamente rellenado por arena.
La ruta pasa por este embarcadero y por la cantera situada al sur de éste, para dirigirse a los restos de otra construcción levantada con el mismo material.
La ruta pasa por este embarcadero y por la cantera situada al sur de éste, para dirigirse a los restos de otra construcción levantada con el mismo material.

Se trata de la ermita de Cope, o del Santo Cristo, de la que apenas se conserva parte de los muros exteriores y de la que se cuenta el siguiente “milagro” popular: en uno de los ataques piratas a esta zona, los asaltantes prendieron fuego a la ermita, que ardió totalmente pero, cuando los vecinos volvieron a la construcción, encontraron que, aunque toda había ardido, no lo había hecho la cabeza del Cristo que todavía conservaba la corona de espinas, por lo que fue llevada al Convento de la Virgen de las Huertas, en Lorca, donde se le construyó una capilla, aunque, finalmente, acabó desapareciendo en un incendio en dicho convento.


La ruta asciende ahora para pasar entre la casa más cercana al acantilado y éste. Es un buen momento para volver la vista atrás e imaginar cómo era el aspecto de la fortificación en su última reconstrucción.
Comienza la bajada hacia la Ensenada de la Fuente hasta llegar a nivel del mar. Durante la subida y la bajada, habréis andado sobre una pequeña falla de cabalgamiento, en la que los materiales más primitivos han sido empujados hasta romper los más modernos, aunque, los hundimientos y elevaciones posteriores de la línea de costa han provocado que se cubran por depósitos sedimentarios marinos.


Una vez a nivel de mar, hay que caminar por una playa de cantos rodados, resultado de la acción de la erosión marina contra la parte inferior del acantilado, formado por rocas metamórficas, filitas y cuarcitas del Paleozoico, del mismo tipo que las que conforman la Alpujarra (complejo Alpujárride).
Al final de la playa, casi oculta por rocas y vegetación, se encuentra la Fuente de Cope, que fue vaciada de residuos y piedras, y restaurada con materiales originales por un grupo de voluntarios, devolviéndola a un estado similar al original y reconstruyendo el murete que la protegía de los embates del mar.
Esta fuente es la única que sobrevive de las tres originales, dado que las otras dos se secaros tras los intentos de perforar el acuífero a mitad del siglo pasado, ya que las aguas de estas fuentes siempre han tenido fama de pureza, a pesar de estar casi en contacto con el mar.


El hecho de que no se mezclen, viene determinado por la dureza y falta de porosidad de la roca que envuelve el acuífero que, a pesar de hallarse por debajo del nivel del mar, no deja que el agua marina penetre en él.
Las otras dos fuentes se encontraban siguiendo la plataforma de abrasión de la costa en dirección al extremo del cabo, pero, al contrario que la primera, sin brocal ya que se dice que afloraban a nivel del mar.
La ruta vuelve sobre sus pasos para ascender a la plataforma de sedimentos marinos en la que unos bancos marcan una zona de descanso del Sendero de Pequeño Recorrido PR-MU104, gran parte del cual sigue esta ruta. Así pues, desde esta plataforma, la ruta asciende siguiendo el camino marcado, pasando por los restos de una muralla medieval que servía de refugio a las personas que se encontraban por la zona y no podían guarecerse en la Torre en caso de ataque pirata.
La ruta vuelve sobre sus pasos para ascender a la plataforma de sedimentos marinos en la que unos bancos marcan una zona de descanso del Sendero de Pequeño Recorrido PR-MU104, gran parte del cual sigue esta ruta. Así pues, desde esta plataforma, la ruta asciende siguiendo el camino marcado, pasando por los restos de una muralla medieval que servía de refugio a las personas que se encontraban por la zona y no podían guarecerse en la Torre en caso de ataque pirata.
A partir de estos restos, se continúa la ascensión, poniendo especial atención si el suelo está mojado, ya que es fácil resbalarse en las rocas que conforman parte de este glacis coluvial. La ruta llega hasta un llano señalado por unos bancos y una lápida de madera en memoria de Fernando Martínez Rubio, gran amante de este paraje y que falleció en un accidente aéreo.


El Cerro de La Cabrica y la Cueva C-6 “La Catedral”.
Este llano conocido como el Llano de la Cabrica, está delimitado hacia el noreste por un pequeño cerro, el Cerro de la Cabrica, formado, como casi toda la parte posterior de Cabo Cope por calizas oolíticas, compuestas por una gran cantidad de esferas de carbonato fuertemente compactadas que se formaron cuando este cabo formaba parte de un litoral de aguas saturadas en carbonatos de calcio.
La composición geológica de esta parte del cabo explica la existencia de un asentamiento humano en este cerro hace unos 4000 años (del calcolítico o de la edad del bronce), por lo que parece indicar los restos de cerámicas y otros indicios hallados en este lugar; además la ubicación es típica de estos asentamientos: una zona elevada de fácil defensa, con al menos un punto de agua cercano y caza y pesca en las inmediaciones.


De una época anterior, se han hallado restos de un posible taller de sílex en la cresta del macizo, lo que indica que toda la zona estuvo habitada durante la Prehistoria.
Además, las especiales características líticas de este cabo, han dado lugar a la existencia de un complejo Kárstico, la cueva conocida como C-6 o “La Catedral”, habitada por homínidos en el 3000 a. C. (hace 5000 años), en el Neolítico Final, lugar en el que también enterraban a sus muertos.

Esta cueva, cartografiada por primera vez por el Grupo Espeleológico francés GRES-77, es muy apreciada por los espeleólogos por sus espectaculares formaciones Kársticas y por albergar un lago en su interior, aunque es peligroso acceder a ella y desplazarse por su interior, algo que sólo debe de hacerse en compañía de guías o de personas expertas en espeleología.


En el Museo Arqueológico de Águilas existe una pequeña sección dedicada a los hallazgos en esta cueva.

La ruta desanda el camino hecho para volver a la plataforma de descanso en la que comenzó la ascensión al Llano de La Cabrica, y continúa por el camino que asciende hacia la ladera del cabo. Durante la subida, se puede apreciar en la ladera restos de antiguas canteras para la extracción de tierra láguena o láuna, una arcilla magnésica de estructura pizarrosa y color gris azulado, que resulta de la descomposición de las pizarras arcillosas y que, por sus magníficas propiedades impermeables y aislantes, es utilizada en el sureste español para cubrir hornos y tejados (que reciben la denominación de ‘terraos’).


La subida continúa hasta llegar a una bifurcación, continuando la ruta por la ladera de la montaña, ladera en la que se pueden apreciar fácilmente que los farallones de roca tienen un color diferente al resto de la montaña conforme nos desplazamos hacia el suroeste, y esto se debe a que los más cercanos al Llano de la Cabrica están formados por granos y arenas de aluvión y coluvión, dejando aparecer la roca caliza en las escarpaduras, mientras que en la zona más cercana a la bahía están formados por pelitas rojas, que sustituyen a las calizas, y que son fácilmente identificables por el tono rojizo que le confiere el mineral de hierro.

Continua la ruta ascendiendo, desde un poste de señalización del sendero PR-MU 104.
Este poste de señalización marca la bifurcación de subida hacia una pequeña plataforma con un alto mojón de piedra que servía para señalar con una bandera roja, junto a otro situado en el monte junto a la playa de La Cola, que la almadraba estaba calada (instalada) en Calabardina, evitando así accidentes con los barcos que navegaban por la zona.
Este poste de señalización marca la bifurcación de subida hacia una pequeña plataforma con un alto mojón de piedra que servía para señalar con una bandera roja, junto a otro situado en el monte junto a la playa de La Cola, que la almadraba estaba calada (instalada) en Calabardina, evitando así accidentes con los barcos que navegaban por la zona.


Este mojón, o mogote, como se le conocía popularmente, es un buen lugar para apreciar una panorámica de toda la llanura de Águilas y del arco montañoso que la circunda, así como del núcleo vacacional de Calabardina.
La ruta vuelve a descender por donde ascendía, tomando esta vez, en el poste indicador, el camino hacia Calabardina, descendiendo por una estrecha garganta.
La ruta vuelve a descender por donde ascendía, tomando esta vez, en el poste indicador, el camino hacia Calabardina, descendiendo por una estrecha garganta.

El descenso nos lleva a una explanada que sirvió de cantera y en cuyo extremo norte se encuentran, casi escondidas tras un cartel informativo, las dos entradas a una “mina de agua” que abasteció originariamente a los habitantes de Calabardina, y que son túneles que descienden hacia un acuífero y ya en desuso.
La ruta termina en este punto, para volver a la Torre de Cope, es aconsejable ascender por la calle asfaltada que marca el límite con el espacio protegido de Cabo Cope, hasta llegar a la carretera de acceso a la Torre, y tomar el sendero que, paralelo a la carretera, conduce hasta el aparcamiento. Durante el recorrido, varios paneles interpretativos proporcionan información sobre Cabo Cope y su flora y fauna.
La ruta termina en este punto, para volver a la Torre de Cope, es aconsejable ascender por la calle asfaltada que marca el límite con el espacio protegido de Cabo Cope, hasta llegar a la carretera de acceso a la Torre, y tomar el sendero que, paralelo a la carretera, conduce hasta el aparcamiento. Durante el recorrido, varios paneles interpretativos proporcionan información sobre Cabo Cope y su flora y fauna.
