
Tébar. Agua y control del territorio.
Distancia: 5,59 Km.
Tipo de ruta: Circular.
Dificultad técnica: Sencilla.
Ascenso acumulado: 90 m.
Descenso acumulado: 92 m.
Tiempo: 1 hora 55 minutos.
Apta para principiantes

Un vistazo 360º por la ruta
Descubre Más Rutas en Águilas
Cada sendero en Águilas te lleva a rincones únicos, pero todos comparten algo en común: paisajes impresionantes, contacto con la naturaleza y una conexión especial con la historia y el entorno.
Nos enfocamos en ofrecer experiencias únicas, recorridos para todos los niveles y paisajes inolvidables. También destacamos los reconocimientos obtenidos por la calidad de nuestras rutas.
Diversidad de Paisajes
Para todos los niveles
Experiencias únicas
Adaptadas a tu tiempo
Conoce más de esta ruta
El control del territorio en la Frontera Nazarí y El agua que posibilita los asentamientos humanos.


La ruta comienza en lo que fue la antigua Venta de Tébar un punto neurálgico de la antigua red de transportes de personas y mercancías entre Águilas y Lorca, ya que era el punto de que marcaba el comienzo del tramo más en pendiente del Puerto de Purias (550 m.), y era el punto de descanso para personas y bestias antes de afrontarlo.
Desde su puerta, y por la antigua carretera, la ruta se dirige hacia el norte, dejando a la derecha lo que queda de una antigua casa para, un poco más adelante, girar a la derecha, hacia el este, subiendo un pequeño talud por su parte más fácil, para dar acceso a un sistema de terrazas sostenidas por muretes de piedra, llamados localmente “pedrizas”.


Desde este punto se puede contemplar una perspectiva del enlace de Tébar con el valle de Chuecos a través del Barranco de Chuecos, por donde discurrió, durante muchos siglos el camino hacia Lorca antes de que las grandes obras públicas realizadas a partir de los siglos XVIII y XIX en toda España provocaran que muchos de estos caminos cayeran en desuso, sustituidos por nuevos caminos que salvaban obstáculos orográficos hasta entonces muy complicados.
Esta cercanía a una vía de comunicación, unido a la existencia de manantiales en sus inmediaciones, posibilitó el desarrollo de una agricultura variada, muy ligada al discurrir de las estaciones y que se desarrolló en terrazas para igualar porciones del terreno y hacerlas aptas para el cultivo, salvando la altura entre unas y otras con muros de piedra (las mencionadas “pedrizas”, que servían para afianzar su extremo más elevado sobre la inmediatamente inferior.
Este sistema de terrazas posibilitó la producción de cereales, hierbas forrajeras y diferente arbolado, que sirvieron para mantener a una pequeña población y comerciar con sus excedentes, tal y como se aprecia en los restos arqueológicos que han aparecido en las excavaciones realizadas en la zona, que muestran una ocupación casi permanente desde época romana, más acentuada en ésta, en la musulmana y en la posterior cristiana.
Esta población se protegió, en época musulmana y la posterior cristiana, con la edificación de una fortaleza, el castillo de Tébar, que se convirtió en una de las llaves para El control del territorio en la Frontera Nazarí.
Este sistema de terrazas posibilitó la producción de cereales, hierbas forrajeras y diferente arbolado, que sirvieron para mantener a una pequeña población y comerciar con sus excedentes, tal y como se aprecia en los restos arqueológicos que han aparecido en las excavaciones realizadas en la zona, que muestran una ocupación casi permanente desde época romana, más acentuada en ésta, en la musulmana y en la posterior cristiana.
Esta población se protegió, en época musulmana y la posterior cristiana, con la edificación de una fortaleza, el castillo de Tébar, que se convirtió en una de las llaves para El control del territorio en la Frontera Nazarí.


El control del territorio en la Frontera Nazarí.
Para conocer la importancia del Castillo de Tébar, es necesario comprender el entorno en el que se enclava, para lo que nos vamos a apoyar en el estudio “El castillo de Tébar y su torre (Sierra de Almenara, Águilas, Murcia): aspectos arqueológicos Y arquitectónicos”, publicado en mayo de 2021 por los profesores Íñigo Almela Legorburu y Lucía Martínez Bernal: “Tébar se encuentra en plena sierra de Almenara, en una zona de montes más bajos en la que confluyen varias ramblas que derraman hacia el sur. Estos torrentes de aguas estacionales se van uniendo progresivamente y conformando una gran rambla, denominada primero rambla del Charcón y después rambla de Minglano, que termina por desembocar en el mar junto a la ciudad de Águilas. En el entorno de Tébar, los meandros de las ramblas han generado ligeras planicies que aumentan su superficie a medida que se desciende hacia el sur”, y el terreno se aleja de esta sierra y las más inmediatamente cercanas.
“El castillo se halla concretamente en el punto más elevado (486 m.s.n.m.) y enriscado en un cerro de forma alargada que se extiende en sentido SW-NE. Este cerro está aislado del resto del sistema montañoso, lo que le confiere unas condiciones muy favorables de dominio sobre el territorio y sobre los pasos que por aquí transcurren. La elevación está bordeada al sureste por una suave loma que a su vez es delimitada por la rambla de Chuecos, y cerca del extremo más meridional del cerro esta rambla se incorpora a la rambla del Arriero. Al noroeste queda bordeada por una ligera depresión y al suroeste por el cauce de la rambla del Charcón.”
“El castillo se halla concretamente en el punto más elevado (486 m.s.n.m.) y enriscado en un cerro de forma alargada que se extiende en sentido SW-NE. Este cerro está aislado del resto del sistema montañoso, lo que le confiere unas condiciones muy favorables de dominio sobre el territorio y sobre los pasos que por aquí transcurren. La elevación está bordeada al sureste por una suave loma que a su vez es delimitada por la rambla de Chuecos, y cerca del extremo más meridional del cerro esta rambla se incorpora a la rambla del Arriero. Al noroeste queda bordeada por una ligera depresión y al suroeste por el cauce de la rambla del Charcón.”
En cuanto a la geología de este cerro, la carta arqueológica de la Región de Murcia nos señala que se trata de un cerro del complejo alpujárride con calizas y dolomías grises en la ladera Sureste y con filitas, cuarcitas y areniscas en la ladera Noroeste, mientras que la parte alta del cerro está constituida por una meseta de calizas y dolomías.


La existencia de calizas en su mitad inferior propicia la existencia de una pequeña caverna, la Cueva de Tébar, localizada en la pared Sureste, y que podría estar conectada a un sistema karstico más amplio, aunque no se ha encontrado, hasta el momento un acceso practicable al mismo.
Estas mismas calizas, facilitan la existencia de masas de agua subterráneas con algunos afloramientos al exterior, lo que ha propiciado que, históricamente este territorio permitiese una agricultura que excedía el autoabastecimiento.
Estas mismas calizas, facilitan la existencia de masas de agua subterráneas con algunos afloramientos al exterior, lo que ha propiciado que, históricamente este territorio permitiese una agricultura que excedía el autoabastecimiento.
“Tradicionalmente se ha otorgado a esta fortaleza, junto a las demás que se reparten por la sierra de Almenara, un carácter puramente defensivo y militar para el control del entorno de Lorca y sus caminos (GARCÍA ANTÓN, 1986: 398; PALACIOS MORALES, 1982: 143; ALONSO NAVARRO, 1990: 65-68; MARTÍNEZ, MUNUERA, 2009: 128-129). Sin embargo, algunos factores inducen a pensar más bien que se trata de una fortaleza a la que estaba asociada un poblamiento o conjunto de alquerías. Entre las razones que justificarían esta idea se encuentra la existencia de un posible albacar en la ladera meridional del cerro del castillo, la presencia de poblamiento medieval en el entorno cercano, la disponibilidad de recursos hidráulicos y la posibilidad de crear zonas de explotación agrícola y ganadera.
De tal modo, el caso de Tébar podría corresponder al modelo de poblamiento ampliamente reconocido a lo largo de la geografía andalusí, y que orbitaría en torno a una fortaleza (ḥiṣn, pl. ḥuṣūn) desde la que se controlaban las alquerías del territorio circundante. Por lo general, el castillo suele estar compuesto por dos recintos. Por un lado, uno superior, o celoquia, que tenía carácter castrense y servía para alojar la representación del estado y, por otro lado, el albacar, que permanecía libre de construcciones con el fin de refugiar, en momentos de conflicto, a la población asentada a sus pies o en las alquerías dependientes (BAZZANA, CRESSIER, GUICHARD, 1988). En ocasiones, este albacar incluso podía llegar a ser ocupado de manera constante.
De tal modo, el caso de Tébar podría corresponder al modelo de poblamiento ampliamente reconocido a lo largo de la geografía andalusí, y que orbitaría en torno a una fortaleza (ḥiṣn, pl. ḥuṣūn) desde la que se controlaban las alquerías del territorio circundante. Por lo general, el castillo suele estar compuesto por dos recintos. Por un lado, uno superior, o celoquia, que tenía carácter castrense y servía para alojar la representación del estado y, por otro lado, el albacar, que permanecía libre de construcciones con el fin de refugiar, en momentos de conflicto, a la población asentada a sus pies o en las alquerías dependientes (BAZZANA, CRESSIER, GUICHARD, 1988). En ocasiones, este albacar incluso podía llegar a ser ocupado de manera constante.


Asimismo, en la vertiente septentrional del cerro discurre un muro que rodea la ladera y se extiende por más de 950 m hacia el suroeste, hasta llegar a una zona rocosa próxima a la carretera, consistiendo en un muro de tapia terrosa de 0,50 m de espesor sobre zócalo de mampostería. En muchos tramos el trayecto de este muro se pierde o solo queda parte del cimiento. Esta estructura fue documentada y parcialmente analizada a propósito del estudio previo a las obras de la carretera Lorca-Águilas, cuyos resultados sugirieron que no se trataba de una estructura de gran envergadura ni defensiva, sino que más bien podría tener un uso de cerca o aprisco (RUIZ PARRA, 1997: 518 y 522). Otros dos muros de menores dimensiones, pero misma tipología, se han podido documentar en esta misma ladera a medio camino entre el anterior muro y el castillo.
En el albacar no se reconocen estructuras, lo que sigue la lógica más frecuente de espacio libre para poder reunirse la población de los alrededores en momentos de conflicto. En él suele haber por lo menos algún aljibe, aunque por el momento se desconoce en el caso de Tébar. Por el contrario, el recinto superior cuenta con numerosas estructuras, algunas de difícil identificación por estar muy arruinadas, aunque otras más evidentes como aljibes y torres. La torre central es el elemento mejor conservado de todo el castillo y se sitúa en la mitad occidental del recinto, aunque dispuesta de manera aislada con respecto al perímetro amurallado.


El recinto superior está amurallado por sus tres frentes (septentrional, meridional y occidental) y cuenta con tres torres en cada uno de sus vértices, en diferente estado de degradación.
La torre central, la mejor conservada, fue desmochada intencionadamente, al parecer a finales del siglo XV, coincidiendo con la caída del Reino de Nazarí de Granada, desmontándola hasta la altura de su bóveda inferior, y reformada posteriormente para poder usar primitivas armas de fuego, ya en el siglo XVI, ante la amenaza de la piratería norteafricana.
La estructura del castillo sufrió diversas reformas a lo largo del periodo islámico, aunque una se sus mayores transformaciones la sufrió cuando fue incorporada ala Corona de Castilla, convirtiéndose en una de las fortalezas que formaban la red defensiva en la frontera con el Reino Nazarí de Granada, ayudando a bloquear el paso desde la costa hacia la vega del Guadalentín y la ciudad de Lorca.
La torre central, la mejor conservada, fue desmochada intencionadamente, al parecer a finales del siglo XV, coincidiendo con la caída del Reino de Nazarí de Granada, desmontándola hasta la altura de su bóveda inferior, y reformada posteriormente para poder usar primitivas armas de fuego, ya en el siglo XVI, ante la amenaza de la piratería norteafricana.
La estructura del castillo sufrió diversas reformas a lo largo del periodo islámico, aunque una se sus mayores transformaciones la sufrió cuando fue incorporada ala Corona de Castilla, convirtiéndose en una de las fortalezas que formaban la red defensiva en la frontera con el Reino Nazarí de Granada, ayudando a bloquear el paso desde la costa hacia la vega del Guadalentín y la ciudad de Lorca.
Una vez rodeado el cerro del castillo, la ruta se incorpora a un camino en el que se puede encontrar un panel y un poste con flechas indicadoras de la Red de Senderos Naturales de Águilas.
Una vez en rodeado el cerro del castillo y encontrado el panel y el poste de la Red de Rutas Naturales de Águilas, tomaremos el camino hacia el sur, para dejar a nuestra espalda el cerro, hasta llegar, enseguida, a un conjunto de placas solare y a un embalse, y es que, en una paradoja agravada por el Cambio Climático, las aguas que dieron vida a la Águilas moderna, ahora precisan que las tierras que originariamente regaban, lo sean con agua desalada, impulsada a Tébar y Chuecos mediante energía solar fotovoltáica.
Al final del embalse, nos giraremos para echar una ojeada al Castillo de Tébar y, a su derecha (hacia el Este) al conjunto del Monte del Nacimiento, que es el que, con sus afloramientos de agua diera lugar a que se posibilitase los asentamientos humanos tanto en Tébar, como en la Águilas moderna.
Una vez en rodeado el cerro del castillo y encontrado el panel y el poste de la Red de Rutas Naturales de Águilas, tomaremos el camino hacia el sur, para dejar a nuestra espalda el cerro, hasta llegar, enseguida, a un conjunto de placas solare y a un embalse, y es que, en una paradoja agravada por el Cambio Climático, las aguas que dieron vida a la Águilas moderna, ahora precisan que las tierras que originariamente regaban, lo sean con agua desalada, impulsada a Tébar y Chuecos mediante energía solar fotovoltáica.
Al final del embalse, nos giraremos para echar una ojeada al Castillo de Tébar y, a su derecha (hacia el Este) al conjunto del Monte del Nacimiento, que es el que, con sus afloramientos de agua diera lugar a que se posibilitase los asentamientos humanos tanto en Tébar, como en la Águilas moderna.


El agua que posibilita los asentamientos humanos.
Como ya hemos visto, la existencia de manantiales en esta zona y en la vecina Chuecos, posibilitó el poblamiento desde el eneolítico, pasando por épocas romana, islámica y cristiana, y llegando hasta la actualidad.
Estos manantiales se encuentran localizados en el llamado Monte del Nacimiento, un nombre que deja clara su importancia para los habitantes de la zona.
Además de su aprovechamiento para quienes vivieron y trabajaron en ese paraje, y para quienes siguen haciéndolo, estos manantiales, junto con los de Chuecos, fueron uno de los gérmenes que posibilitaron la creación y mantenimiento en el tiempo de la Águilas moderna.
Así, que, mientras marchamos hacia el sur, es interesante conocer que, bajo el reinado de Carlos III, uno de sus ministros, el Conde de Aranda y, posteriormente, el de Floridablanca, se crea la moderna ciudad de Águilas que, hasta entonces, no era más que un asentamiento pesquero y un pequeño puerto para dar salida a los productos de Lorca, tal y como venía siéndolo desde época islámica, en la Ákila (Águilas), era la furda (puerto) de Lorca, protegido por una torre defensiva sobre el monte del castillo (Hisn-al-Akila).
Así, que, mientras marchamos hacia el sur, es interesante conocer que, bajo el reinado de Carlos III, uno de sus ministros, el Conde de Aranda y, posteriormente, el de Floridablanca, se crea la moderna ciudad de Águilas que, hasta entonces, no era más que un asentamiento pesquero y un pequeño puerto para dar salida a los productos de Lorca, tal y como venía siéndolo desde época islámica, en la Ákila (Águilas), era la furda (puerto) de Lorca, protegido por una torre defensiva sobre el monte del castillo (Hisn-al-Akila).


Para ello, aparte de la mejora del camino de Lorca a Águilas, se planea y ejecuta la construcción de una conducción de agua desde Tébar a la nueva población, con una longitud de 16.500 varas de longitud (13.792 metros), con siete puentes (acueductos), sesenta y una alcantarillas y tres gruesas calzadas, con un importe de 338.945 reales de vellón, una buena suma para la época.
Muy pronto, tras una derivación a la izquierda, llegamos a un tramo de canalización y acueducto que salva la rambla de los Arrieros de 43 m. de longitud. Son los restos más próximos al Nacimiento que se conservan. Su dirección es prácticamente norte – sur y con continuidad bajo la carretera de Mazarrón.
Muy pronto, tras una derivación a la izquierda, llegamos a un tramo de canalización y acueducto que salva la rambla de los Arrieros de 43 m. de longitud. Son los restos más próximos al Nacimiento que se conservan. Su dirección es prácticamente norte – sur y con continuidad bajo la carretera de Mazarrón.
Es un canal de buena factura con obra de cal de 0,60 m. En la parte superior la canalización se halla cubierta por ladrillo macizo y mortero de cal, con 19 cm. de anchura y una profundidad indeterminada porque la ocupa una tubería actual. La
A mitad del tramo tenía una pila empotrada que fue sustraída hace años y ha sido sustituida por un grifo.
A mitad del tramo tenía una pila empotrada que fue sustraída hace años y ha sido sustituida por un grifo.


A la derecha del acueducto se abre una gran arcada de medio punto construida con grandes ladrillos. La arquería está sostenida mediante pilares con contrafuertes. El arco tiene unas dimensiones de rosca de 3 ladrillos macizos con 0,70 m. El arco tiene una ancho de 6 m. y una altura de 3,40 m.


Tras esto, volvemos sobre nuestros pasos al camino principal para dirigirnos hacia la carretera RM-332, que cruzamos con precaución, tomando como referencia el poste con flechas indicadoras de la Red de Senderos de Águilas.
Una vez al otro lado, la ruta continúa hacia la derecha, paralela a la carretera, hasta llegar a un camino que nace a izquierda, por el cual se adentra en una fallida repoblación de pinos realizada por el extinto IRYDA (Instituto Nacional de Reforma y Desarrollo Agrario) y que, tras ascender una pequeña vaguada, desciende hacia el valle en dirección sur, hasta salir a una carretera asfaltada por la que desciende girando a la derecha. ¡Atención! Si encontráis cartelería avisando de que se está efectuando una batida de caza, continuad paralelos a la carretera hasta llegar al cruce con la RM-11, si no, continuad la ruta tal y como se indica.
Muy pronto, a la izquierda, encontraréis un camino de entrada a una pequeña explanada donde se encuentra el tramo de acueducto y la pilica de Las Escalericas que es el segundo punto de agua desde el nacimiento. Consta de un tramo de acueducto que salva un pequeño ramblizo de dirección este – oeste que desemboca en la rambla de Arrieros – Chuecos.
Muy pronto, a la izquierda, encontraréis un camino de entrada a una pequeña explanada donde se encuentra el tramo de acueducto y la pilica de Las Escalericas que es el segundo punto de agua desde el nacimiento. Consta de un tramo de acueducto que salva un pequeño ramblizo de dirección este – oeste que desemboca en la rambla de Arrieros – Chuecos.


Presenta un vano de ladrillos (colmatado en la base por limos) que se halla jalonado por dos contrafuertes de ladrillo en resalte. El canal superior está realizado con ladrillo y buen mortero. Este tramo se encuentra en muy mal estado. De igual modo el acabado o revestimiento exterior es el de mayor calidad en la actualidad.
Se observa un primer cuerpo que se presenta con mampostería vista, fragmentos de esquistos planos y acabado de cal a partes iguales. Un segundo cuerpo que corresponde a la parte de la canalización se presenta con cal y fragmentos de esquistos junto a ladrillos vistos. Al norte del arco se encuentra un punto de agua que se recogía en una pila cúbica labrada en caliza y donde figura la fecha de fundación: año de 1790. Tras ser sustraída y posteriormente recuperada se encuentra expuesta en el jardín de la Plaza de España de Águilas.
La longitud del tramo es de 28 m. El arco presenta una altura conocida de 1,25 m. y 3 m. de longitud.
Se observa un primer cuerpo que se presenta con mampostería vista, fragmentos de esquistos planos y acabado de cal a partes iguales. Un segundo cuerpo que corresponde a la parte de la canalización se presenta con cal y fragmentos de esquistos junto a ladrillos vistos. Al norte del arco se encuentra un punto de agua que se recogía en una pila cúbica labrada en caliza y donde figura la fecha de fundación: año de 1790. Tras ser sustraída y posteriormente recuperada se encuentra expuesta en el jardín de la Plaza de España de Águilas.
La longitud del tramo es de 28 m. El arco presenta una altura conocida de 1,25 m. y 3 m. de longitud.
Una vez finalizado el recorrido por este tramo de la conducción de agua de Tébar a Águilas, la ruta abandona el acueducto y la pilica de Las Escalericas, dirigiéndose hacia el entronque de la vía rápida RM-11 y la RM-332, dejando invernaderos a la izquierda y un talud a la derecha, hasta cruzar la Rambla del Arriero y girar a la derecha para llegar a la explanada en la que se encuentra una pequeña edificación que es una de las estaciones de bombeo de la conducción de agua desalada de Águilas a Tébar.


Una vez en esta explanada, con precaución, se pasará bajo el puente de la RM-11 para aparecer junto a una antigua gasolinera, a la izquierda, y un helipuerto, al frente.
El camino de vuelta al punto de partida discurre desde este punto por un tramo de la antigua carretera Águilas-Lorca, dejando a la izquierda el helipuerto y pasando por el pequeño valle que separa las sierras de La Almenara (a la derecha) y La Carrasquilla (a la izquierda), como se aprecia bien desde esta vista tomada desde la línea del Castillo de Tébar, en la que se aprecia perfectamente como las estribaciones de La Almenara, representadas por este cerro, se unen a las de La Carrasquilla, representada por el Cabezo del Escribano (607 m.).
Pasando de nuevo bajo la RM-11, se vuelve a acceder al valle en el que se regresa junto a la Venta, junto a la cual, veremos una pequeña estructura circular que no era otra cosa que un pequeño depósito de agua para dar servicio a la venta cuando se hallaba en funcionamiento, y junto a la cual acaba esta ruta.
