
El Charcón. Agua, molienda y fondo del mar.
Distancia: 2,55 Km.
Tipo de ruta: Circular.
Dificultad técnica: Sencilla.
Ascenso acumulado: 27 m.
Descenso acumulado: 27 m.
Tiempo: 1 hora 5 minutos.
Apta para principiantes

Un vistazo 360º por la ruta
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Conoce más de esta ruta
Recomendamos la realización de esta ruta después de unos días de lluvia.


La ruta comienza junto a “la pilica” del Portazgo o del Molino Saltaor, una de las que jalonaban la conducción de agua desde el manantial de Tébar a la nueva población de Águilas, mandada construir por Carlos III, y que se edificaron para proporcionar agua potable de calidad a los habitantes de las zonas por las que discurría.
Desde la pilica, la ruta se dirige hacia el norte dejando a su derecha el desagüe de la rambla del Baladre, y la casa nueva del Portazgo, llamada así para diferenciarla de la más antigua, situada sobre una loma, a la izquierda.


El delta de El Saltador
Para entender mejor lo que vamos a ver en esta ruta es importante tener claro que toda esta zona formó parte de un delta fluvial del Plioceno que fue rellenando la cuenca de Águilas a lo largo del tiempo, que fue transformándose en la rambla que vamos a recorrer, cuyo lecho está constituido por depósitos de bloques, gravas, gravilla y arenas, pudiendo observar que, en algunos tramos se han organizado en barras longitudinales y laterales, siendo las más frecuentes las primeras, que se disponen, normalmente, en el centro de los lechos subdividiendo y multiplicando el número de canales en el interior de las ramblas.
Es precisamente esto lo que nos vamos a encontrar a la izquierda de la ruta, una gran explanada de piedra, surcada por canales y pequeñas pozas, normalmente casi vacíos pero que, en periodos de lluvia se llenan de agua y son el soporte para numerosas especies vegetales y animales, entre las que destaca el Galápago leproso (Mauremys leprosa), la tortuga acuática autóctona de la península ibérica.


Actualmente, las escorrentías de riegos agrícolas se unen al escaso caudal subterráneo de esta rambla y de sus tributarias, las ramblas de Los Bolos y de Chuecos, para mantener al menos los canales y pozas más bajos permanentemente con un poco de agua, aunque es tras las lluvias cuando se llenan y se parecía claramente su morfología.
Continuando rambla arriba, se puede apreciar otro conjunto de canales y pozas tallados en el suelo fuertemente cementado de la rambla, esta vez a derecha de la ruta, aunque, por lo general contienen muy poca o ningún agua si no es periodo de lluvias, pero manteniendo una vegetación propia de terrenos húmedos, especialmente gracias a las aguas subterráneas que circulan filtradas por esta cuenca.
Más arriba, en un recodo a la izquierda, se encuentra el tercer conjunto de canales y pozas, mas extenso que el anterior y con algunas pozas de mayor extensión.
Más arriba, en un recodo a la izquierda, se encuentra el tercer conjunto de canales y pozas, mas extenso que el anterior y con algunas pozas de mayor extensión.


En este, la ruta queda interrumpida por un hundimiento del terreno en forma de poza profunda y que es el punto desde el que volver sobre nuestros pasos hacia la pilica para acceder al recinto del Molino Saltador. Para ello, justo antes de llegar a la explanada de la pilica, la ruta gira a la derecha, junto a un grupo de presión de tuberías para riego y se adentra en un cañaveral, siguiendo el camino marcado.

Una vez dentro del camino, se llega a un paso cementado, que encierra los tubos para el paso de agua, y desde el que se puede ver el conjunto del Molino del Saltador o, como se le conoce popularmente, Molino Saltaor.


Si realizáis la ruta tras unos días de lluvia, podréis ver que abunda el agua a ambos lados del paso, y que es especialmente interesante la vista a la derecha… y también el oído .
El final del paso cementado da acceso a El Molino Saltaor.
El final del paso cementado da acceso a El Molino Saltaor.

El Molino Saltaor
El Molino del Saltador, Molino Saltaor, o Molino de San Andrés, que tal es su nombre oficial, aunque casi nadie lo recuerde, es un viejo molino, restaurado, que utilizaba como fuerza motriz para el movimiento de sus amoladeras el curso del agua continuo que proporcionaba la rambla de “El Charcón”. Esa es su peculiaridad, ya que la práctica totalidad de los molinos de la costa son de viento.
La molienda era de granos de cebada, trigo, maíz (llamado localmente “panizo”) y avena. La tradicional agricultura de secano producía lo bastante como para hacer rentable el molino.
El edificio donde se ubican las amoladeras es un gran caserón de dos plantas, en cuya parte baja se distribuía en una sala grande para el rotor y otra más pequeña destinada a cuadra para el reposo y alimento de los animales. La pequeña edificación anexa a la izquierda y el horno tipo moruno son construcciones actuales, levantadas durante su rehabilitación.
El edificio donde se ubican las amoladeras es un gran caserón de dos plantas, en cuya parte baja se distribuía en una sala grande para el rotor y otra más pequeña destinada a cuadra para el reposo y alimento de los animales. La pequeña edificación anexa a la izquierda y el horno tipo moruno son construcciones actuales, levantadas durante su rehabilitación.


Justo debajo de la planta baja, en el sótano existe un arco de ladrillo que cierra la sala en la que estaba situado la rueda con álabes que movía la piedra del molino, y que enmarcaba la salida del agua y el desvío de la misma cuando el engranaje estaba parado.
Tras el edificio, se encuentra el sifón de caída del agua que movía la rueda con álabes, edificado con piedra y cal.
Ascendiendo por la escalera en el lateral de la puerta de la planta baja, se accede a la parte alta, que servía de almacén y vivienda al molinero. Tanto el porche como la terraza y la gruta con la imagen del Rocío son modernos.
Ascendiendo por la escalera en el lateral de la puerta de la planta baja, se accede a la parte alta, que servía de almacén y vivienda al molinero. Tanto el porche como la terraza y la gruta con la imagen del Rocío son modernos.


Desde la casa del molinero, se sube a la explanada situada sobre ella, para apreciar la imponente factura de la obra del canal que llevaba el agua al sifón de caída desde la balsa de acopio, resaltando su construcción en piedra, revocada en cal en la zona superior, y apoyada en sólidos contrafuertes, que reparten las tensiones de carga.
Toca ahora seguir subiendo hasta la zona superior del complejo, en el que se encuentra el embalse rectangular de 15 x 8 metros de superficie y 2 metros de profundidad, y está revestida de un fuerte mortero hidráulico con restos de pintura a la almagra.


En el extremo este, donde la balsa queda instalada en el plano de fuerte pendiente, se desarrolla una canalización que conduce hacia una estructura rectangular o sifón. El canal está configurado por dos muros paralelos de 50 centímetros de espesor, que dejan un espacio interior de 43 centímetros y una profundidad de 2,30 metros.
En el extremo este del canal, hacia dónde se dirige la pendiente, se localiza una estructura de planta cuadrangular, configurada con el mismo tipo de obra, que se instala en el plano de pendiente, quedando sobreelevada desde las dependencias del molino hasta la altura del canal y la balsa mediante tres rezarpas escalonadas cuyo espesor va decreciendo de arriba abajo. En esta estructura se produciría el salto de agua originando la energía hidráulica necesaria para activar el molino.


Antes de abandonar esta zona, pueden apreciarse, al mismo nivel, grandes bloques de piedra, que no son sino el suelo del antiguo delta en su confluencia con el mar, y que quedó al descubierto con la retirada del mar.
Toca ahora bajar y salir brevemente del recinto para ver el escalón de erosión remontante de varios metros de desnivel que se ha formado en la primera de las barras que vimos al principio de la ruta, y que da origen a una pequeña caída de agua que, es más evidente tras episodios de prolongadas o fuertes lluvias.
Tras esto, sólo queda desandar lo andado para descender al nivel bajo del complejo y volver al punto de salida, terminando la ruta.
Tras esto, sólo queda desandar lo andado para descender al nivel bajo del complejo y volver al punto de salida, terminando la ruta.
